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Salsa A Musical History

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Salsa A Musical History

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Interested in a sprawling overview of the entire salsa movement? A collection that contains only the best of the best? We can't help but recommend the most lavish set we have ever released: Salsa, A Musical History is a four-CD box set that takes off with the roots of salsa in the early '60s and ends at the end of the millenniumm, when the salsa romántica fad was coming to an end and the funky salsa dura made a much needed comeback. Every single song is a classic in this box set, and the extensive liner notes provide track-by-track analysis. A treasure trove of essential salsa history. Some people would say that salsa doesn't even exist. Tito Puente was one of them. The man who recorded over 100 albums of this strangely addictive saucy music would, in fact, make a comedy routine out of his denial. Over dinner and a couple of vodka shots a few months before he passed away, he looked at me with a grin on his face and repeated his infamous declaration of principles: "Salsa is what I eat my spaghetti with," he exclaimed with the timing of a professional comedian. And he laughed. The Queen of Salsa herself, Celia Cruz had a more forgiving attitude. At an extravagant hotel suite in Los Angeles, accompanied by her beloved husband Pedro Knight, she let out a sigh before repeating her more pragmatic point of view: "Salsa may not exist - but thanks to that little word, all of us have made a good living for the past few decades." Master percussionist Ray Barretto was not as invested in the semantics of salsa. But he knew, just like any serious fan knows, that this music encapsulates the profound combination of joy and sadness that life is all about. "I had so much fun," he told me once from his apartment in New York. And he added, with agony in his voice: "But it all went by so fast." Can we blame people for sticking with a catchy word? Salsa is an umbrella term used to describe a collision of musical worlds. The main ingredient was Cuban - the clave infused, African-based song formats that flourished during the island's golden era of popular music: guaracha and bolero; rumba and son; mambo and cha cha cha. But salsa would not be what it is without the ever important influence of the United States and Puerto Rico. The U.S. provided the brassy adrenaline of big band jazz, as well as the urban funk of soul and R&B. Puerto Rico brought to the stew the distinct sonorities of its own folklore - the bomba and the plena. But it also added a unique sensibility, a tightly restrained swing, a velvety elegance that, in the end, makes all the difference in the world. Enough with the definitions. The collection that you hold in your hands spans the development of Afro-Caribbean music (roughly) from 1960 to the end of the 20th century. If you are not yet familiar with the majority of these recordings, proceed with caution. The intensity of these sounds is likely to take your breath away - and seriously challenge your views on what popular music is all about (if there are any classical music aficionados out there, I propose that La Sonora Ponceña's arrangements evoke the orchestral coloring of Maurice Ravel; and that the songs of Rubén Blades suggest the romantic poetry of Franz Schubert.) A superficial listener would tell you that this is happy music, that it puts you in a good mood. I agree. If nothing else makes you dance, this stuff will. But salsa is so much more than that. The most complete of all Latin music genres, salsa delivers a poignant chronicle of the Latin American experience in all its beauty and endless contradictions. The songs on this collection are not only happy. They are also mournful, nostalgic, epic, rebellious, sensuous, angry, sweet, bitter, wistful and tough. From Héctor Lavoe and Ray Barretto to Charlie Palmieri and Frankie Ruiz, some of the artists celebrated on this anthology are no longer with us. But many of them are still alive. And all of them remain, to a lesser or greater extent, sadly underappreciated. Hopefully, the gems on this set will allow us to discover and cherish the singers and musicians who are still out there, keeping the spirit of salsa alive. This collection is dedicated to their superb musicianship. Because, think about it: what would the world be like without their soulful sounds? Ernesto Lechner September 2008Para algunas personas, la salsa ni siquiera existe. Tito Puente fue uno de ellos. El hombre que grabó más de 100 discos de esta música extrañamente adictiva solía hacer, de hecho, una suerte de parodia humorística al respecto. Unos meses antes de morir, durante una cena y con un par de vodkas de por medio, Puente me miró con una sonrisa en su rostro y repitió su conocida declaración de principios: "La salsa es lo que yo como con el spaghetti", exclamó con la chispa de un cómico profesional. Y se puso a reír. La mismísima Reina de la Salsa, Celia Cruz, tenía una actitud más piadosa. En una extravagante suite de un hotel de Los Angeles, acompañada por su amado esposo Pedro Knight, Celia suspiró hondamente antes de lanzar un punto de vista más pragmático: "Puede ser que la salsa no exista. Pero gracias a esa palabrita, todos nosotros nos hemos ganado la vida durante muchos años". El maestro percusionista Ray Barreto no estaba tan abocado a la semántica de la salsa. Sabía, como cualquier admirador serio del género, que esta música encapsula a la perfección aquella profunda combinación de alegría y tristeza que es la vida. "Me he divertido tanto", me dijo una vez desde su departamento en Nueva York. Luego, con una cierta agonía en su voz, agregó: "Pero pasó todo tan rápido". ¿Podemos culpar a la gente por adoptar una palabra pegajosa? "Salsa" es un término abarcativo que describe un auténtico choque de mundos musicales. El ingrediente fundamental surgió en Cuba –los formatos de sabor africano que florecieron durante la era dorada de la música popular en la isla: la guaracha y el bolero, la rumba y el son, el mambo y el cha cha cha. Pero la salsa no sería lo que es hoy sin la enorme influencia de los Estados Unidos y Puerto Rico. Estados Unidos le aportó la adrenalina del jazz y las big bands, además del funk urbano de la música soul y el R&B. Puerto Rico, en tanto, sumó las sonoridades distintivas de su propio folklore, la bomba y la plena. Pero también agregó una sensibilidad especial, un swing seguro y reservado, una elegancia aterciopelada que, al final, hicieron una gran diferencia. Ya basta con las definiciones. La colección que usted tiene en sus manos abarca el desarrollo de la música afrocaribeña desde 1960 hasta fines del siglo XX. Si aún no está familiarizado con la mayoría de estas grabaciones, enfréntelas con cautela. La intensidad de estos sonidos podría quitarle el aliento, además de cambiar seriamente sus ideas preconcebidas sobre la música popular. (A los aficionados de la música clásica, les propongo descubrir cómo los arreglos de La Sonora Ponceña evocan el colorido orquestral de Maurice Ravel, mientras que las canciones de Rubén Blades sugieren la poesía romántica de Franz Schubert). Un oyente superficial diría que ésta es música "alegre". Estoy de acuerdo. Si nada en el mundo lo hace bailar, esta música sin dudas lo logrará. Pero la salsa es mucho más que eso. El género más completo de toda la música latina, la salsa revela una emotiva crónica de la vida en Latinoamérica, con toda su belleza y sus inagotables contradicciones. Estas canciones no son solamente "alegres"; son también dolidas, nostálgicas, épicas, rebeldes, sensuales, enfurecidas, dulces, amargas, ásperas y melancólicas. Desde Héctor Lavoe y Ray Barretto hasta Charlie Palmieri y Frankie Ruiz, algunos de los artistas celebrados en esta antología no están más con nosotros. Sin embargo, muchos de ellos todavía están vivos. Y ninguno de ellos, en mayor o menor medida, ha disfrutado del reconocimiento que se merece. Ojalá que los tesoros de esta colección nos permitan descubrir y celebrar a esos cantantes y músicos que todavía andan por allí, manteniendo vivo el espíritu de la salsa. Esta antología está dedicada a la excelencia de su arte. Porque, piénselo bien: ¿Qué sería del mundo sin la emoción de sus sonidos? Ernesto Lechner Septiembre de 2008