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Ismael Rivera

La Herencia

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Ismael Rivera

La Herencia

$9.99 Album
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Controversia
Incomprendido
Profesion Esperanza
Carimbo
Borinquen
Colobo
La Gata Montesa
Siete Pies Bajo La Tierra
Mi Jaragual
La Soledad
Lo Que Dijo La Gitana
Dime Por Que
Que Te Pasa A Ti
Orgullosa
Las Caras Lindas
El Nazareno
The street known as calle Calma, marked at Baldorioty de Castro and Loíza street in Santurce with a sign that carries the name of Ismael Rivera, is not as quiet as it used to be two decades ago. And yet, it has yet to lose its sense of clave. The branches of the almond trees and the flamboyanes shake mischievously to the airs of the guaguancó and the plena that still blow in this section of Santurce. The sun shines more brightly there than in other neighborhoods of San Juan. And even though the Caribbean is punished by global warming, the coquí refuses to be silent. At dawn, it sweetens the lives of the construction workers who make a living building houses for the rich. In the afternoon, wandering nightingales add music to the affairs of the youngsters who are killing time with their doings. It is almost as if the spirit of El Sonero Mayor was strolling around the street corner where the mural of Jofre, in La Perla, still honors his memory in spite of the inclement weather. There, the painting of Doña Margot, mother of this master singer, stands as a pictorial monument. Even though it may be erased at some time, it will remain in the memory of the people - waiting for Leonel from Llorens Torres to give it a loving touchup. Calle Calma, the heart of the bohemian Villa Palmeras where the bomba, the plena and the rumba flourished, the place that gave birth to Rafael Cortijo, Pellín Rodríguez, Gilberto Monroig and Rafael Cepeda - refuses to forget Ismael, in spite of the cultural hurricane that has been devastating the artistic values of Puerto Rico's soul. At the Villa Palmeras cemetery, his graveyard continues to deteriorate. His music is not heard on the radio anymore - a decision justified by programmers with the excuse of the feud between the ACEMLA organization and a number of radio stations and record labels that keep the works of songwriter Tite Curet Alonso sequestered in federal court. True, Ismael did record over a dozen songs by Tite, but he also recorded songs by Pedro Flores, Bobby Capó, Plácido Acevedo and other songwriters. Ismael died on May 13, 1987. And the island's cultural institutions have attempted to bury his memory in oblivion. Still, Maelo lives on - the paradigm of a nation that pines for social justice. It's true: calle Calma has changed, just like Puerto Rico and the world in general have changed. But Ismael's heart remains the same. If he was still alive, the island would be a different place, culturally speaking. This compilation, part of Emusica's HERITAGE series, is a tribute to his valuable legacy, perpetuating his memory for the gain of a new generation, whose soul pines to gain access to knowledge of its history and idiosyncrasies. It has been well established that following the recording of the plena “El Charlatán” with Lito Peña's La Panamericana, Maelo joined the orchestra of Rafael Cortijo. Their winning combination revolutionized the radio, television and cinema of its time - seducing both the working class and high society with the Afro flavors of rumba, bomba and plena. The mistakes of his youth distanced him from the music scene. He reunited with Cortijo in 1966 and, following the albums Welcome and Con Todos Los Hierros, he founded the group Los Cachimbos in New York. Born and raised during the struggles of Don Pedro Albizu Campos and his Nationalist Party, Maelo knew how much people had suffered during the postwar years. He witnessed the betrayal of the ideals established by the independence of Luis Muñoz Marín. The legacy of El Sonero Mayor - a name given to him by El Bárbaro del Ritmo, Beny Moré - is his music: a treasure trove of soneos which, by defying metrics and playing with the clave on the montunos, are his contribution to the motherland, just like the patriotic discourses of Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos and Don Pedro Albizu Campos. Their words were not carried away by the wind. Same with Maelo's singing. Space limitations make it impossible to go into the social context of each song included in this collection. For all those who have yet to discover the importance of the man's songs, this is a golden opportunity. “Controversia” finds Maelo celebrating the virtues of the streetwise montuno and guaguancó, which fill his life with joy by allowing him to express his feelings - like a painter's brush or a writer's pen. “Incomprendido.” Who hasn't felt misunderstood? On Tite's “Profesión Esperanza” he sings about the solidarity that should unite all Puerto Ricans. To the beat of guaracha, bomba and bolero, he suggests that the seed that could destroy a society is antagonism between its children - exactly what is happening in the new millennium - on a society polarized by socioeconomic, ideological and religious differences. On “Carimbó,” his voice resonates strongly against oppression and racial prejudice. “Borinquen” talks about the nostalgia that he felt during the years that he spent in jail. “Colobó” greets the humble people from the Loiza Aldea community in Puerto Rico These are eternal songs, in which the voice of Ismael Rivera reveals the colors, smells, dreams, the tears and the laughter of an island that has yet to lose its clave and hope. The heritage of a timeless singer who distills the feelings of Puerto Rico and, like a thunder, shatters the national consciousness. Coño, say it after me... ¡Ecuajey! Liner notes written by Jaime Torres Torres Historian and Communicator La calle Calma, identificada en la marginal de la Baldorioty de Castro y en la Calle Loíza en Santurce con un letrero que lleva el nombre de Ismael Rivera, no es tan tranquila como dos décadas atrás. Sin embargo, no ha perdido la clave. Las ramas de los almendros y los flamboyanes se mueven traviesas al compás de las brisas de guaguancó y plena que aún soplan en el sector santurcino. Allí el sol brilla más que en otras barriadas de San Juan. Y, a pesar de la ola de calor que, por los cambios climáticos azota al Caribe, el coquí se niega a enmudecer y por las madrugadas endulza la vida de los albañiles que se ganan la vida edificando para los ricos mientras por las tardes ruiseñores vagabundos musicalizan el ocio de los muchachos que matan el tiempo en sus asuntos. Es como si el espíritu del Sonero Mayor se paseara por la esquina donde el mural de Jofre, de La Perla, aún honra su memoria a pesar de las inclemencias del tiempo. Allí, la pintura de doña Margot, la señora madre del ilustre exponente del soneo, es un monumento gráfico que, aunque lo borren, seguirá latente en el recuerdo popular en espera de que Leonel, de Llorens Torres, le dé un retoque de amor. La calle Calma, pulmón del Villa Palmeras bombero, plenero, rumbero y bohemio que vio nacer a Rafael Cortijo, Pellín Rodríguez, Gilberto Monroig y Rafael Cepeda, se resiste a sepultar en el olvido a Ismael, a pesar del ciclón cultural, categoría cinco, que arrasa con los valores artísticos que han forjado el alma de Borinquen. En el Cementerio de Villa Palmeras, su panteón cada día se deteriora más. Y su música, ya no la toca la radio, lo que justifican algunos radiodifusores con la excusa de los pleitos de ACEMLA con varias emisoras y disqueras que literalmente mantienen secuestrada la obra de Tite Curet Alonso en la corte federal. Sí, Ismael grabó más de una docena de canciones de Tite, pero también grabó temas de Pedro Flores, Bobby Capó, Plácido Acevedo y otros autores. Ismael murió el 13 de mayo de 1987. Y las instituciones culturales del País, se han empeñado por también sepultar su memoria en el olvido. Pero Maelo vive y es paradigma de la conciencia de un pueblo que clama por justicia social. Es verdad: la calle Calma ha cambiado como han cambiado Puerto Rico y el mundo entero. Pero el corazón de Ismael es el mismo. Si estuviera vivo la Isla sería diferente, culturalmente hablando. Y esta recopilación, como parte de la serie La Herencia de Emúsica Records, es una manera de honrar su valioso legado y perpetuar su recuerdo para el provecho de una nueva generación cuya alma clama por acceso al conocimiento de su historia e idiosincrasia. Harto conocido es que, después de grabar la plena “El Charlatán” con La Panamericana de Lito Peña, Maelo se unió al Combo de su hermanito Rafael Cortijo y como, quiniela ganadora, revolucionaron la radio, la televisión, el cine latino y el entretenimiento de la época, rindiendo a sus pies con su sabrosura mulata de rumba, bomba y plena al pueblo y a la gente de la alta sociedad. Errores de juventud lo alejaron del ambiente y, tras cumplir, se reencontró con Cortijo en 1966 y después de los discos Welcome y Con Todos Los Hierros, fundó Los Cachimbos en Nueva York. Maelo, nacido y crecido en la época de las luchas de don Pedro Albizu Campos y su Partido Nacionalista, sabe lo que sufrió el pueblo en la posguerra y fue testigo de la traición al ideal de la independencia de Luis Muñoz Marín. El testamento del Sonero Mayor, nombrado con dicho apelativo por el Bárbaro del Ritmo, Beny Moré, es su música; su tesoro de soneos que desafiando la métrica y jugando con la clave en los montunos, son parte de su legado a la Patria, como lo son los discursos pronunciados por patriotas como Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos y don Pedro Albizu Campos. Sus palabras no se las ha llevado el viento y los soneos de Maelo tampoco. Por falta de espacio, es imposible profundizar en la sociología de cada canción de esta colección, pero para los que no han descubierto la trascendencia de los pregones del Sonero esta audición es más que oportuna. En “Controversia” el rumbero celebra la dicha de las virtudes del montuno y el guaguancó callejero que colman su vida de gozo, como medio de expresión de sus sentimientos; como el pincel al pintor y la pluma al escritor. “Incomprendido”, ¿quién no se ha sentido así? En “Profesión Esperanza”, de Tite, le canta a la solidaridad que debe existir entre los puertorriqueños, sugiriendo, a ritmo de guaracha, bomba y bolero, que el germen de la destrucción de una nación es el antagonismo entre sus hijos, como tristemente ocurre en el umbral del tercer milenio, con una sociedad dramáticamente polarizada por sus diferencias socioeconómicas, ideológicas y religiosas. En “Carimbó” resuena fuerte su voz contra la opresión y los prejuicios raciales y en “Borinquen” manifiesta cómo la nostalgia avasalló su ser durante los años de ausencia en que cumplía su deuda con la sociedad. “Colobó” es un saludo a la humilde gente de la comunidad de Loiza Aldea en Puerto Rico Estas son canciones imperecederas que en la voz de Ismael Rivera revelan el color, los olores, los sueños, los gemidos y las carcajadas de un pueblo que no pierde la clave ni la esperanza. Herencia de un soneo inmemorial que emana de la entraña del sentimiento de la Patria borincana y, como un trueno, aún estremece la conciencia nacional. Coño, repite conmigo... ¡Ecuajey! Lineas discográficas escritas por Jaime Torres Torres Historiador y comunicador