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Johnny Pacheco

Johnny Pacheco - Anthology

$1.29

Johnny Pacheco

Johnny Pacheco - Anthology

$15.99 Album
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La Melodía
El Guiro De Macorina
El Agua Del Clavelito
Caramelo
Pare Cochero
Soy Guapo De Verdad
Alto Songo
Acuyuye
Recuerdos De Arcano
Fania
Cañonazo
Dakar Punto Final
El Mundo
Dos Gardenias
Soy Hijo Del Siboney
Maria Cervantes
La Esencia Del Guaguancó
Dulce Con Dulce
Viralo Al Reves
Ponle Punto
Quimbara
Guaguancó Pa'l Que Sabe
Solo Estoy
Juliana
La Dicha Mía
Juaniquita
El Paso De Encarnación
Los Compadres Seguirán
ANTHOLOGY Born in the Dominican Republic in 1935, Johnny Pacheco grew up mesmerized by the songs of Arcaño y sus Maravillas, Arsenio Rodríguez and Orquesta Aragón that he would listen to on Cuban radio. It was the Golden Era of Afro-Caribbean music, the time when Cuba was creating the foundation of everything that would follow in tropical music during subsequent decades. By the late ‘50s, Eddie Palmieri’s brother Charlie enlisted Pacheco as a percussionist in his band. Together, the two musicians created the seminal charanga La Duboney when Pacheco switched from drumming to playing the flute – an instrument he had been enamored with for a long time. La Duboney was a faithful follower of Cuba’s charanga sound, combining elegant swashes of violin with acrobatic swings. Even though they continued being great friends, Pacheco and Palmieri decided to split once they realized that they had widely different ideas of what a charanga should sound like – Pacheco preferred a jovial, lighter sound that clashed with Charlie’s baroque improvisations and appetite for dissonance. Pacheco formed his own band and recorded a demo that included the bona fide hit “El Güiro de Macorina.” Thanks to radio DJ Rafael Font, the song became an overnight sensation, and Pacheco was dutifully signed to Al Santiago’s Alegre Records. He would stay with the label during four years, recording a series of innovative – and now legendary – LPs under the name of Pacheco y su Charanga. At the same time, Pacheco was interested in creating his own record label in order to have control over his music. With the help of attorney Jerry Masucci, who had helped Pacheco in a recent divorce, he founded the Fania label – the title taken from an old Reinaldo Bolaños composition. Eventually, the earnings from the ever popular Pacheco recordings (he enjoyed a remarkable amount of hit singles through most of the ‘60s and ‘70s) allowed the company to expand and incorporate new artists into its roster: Jewish American pianist Larry Harlow, visionary bassist Bobby Valentín and, in 1967, the dynamic duo of trombonist Willie Colón and his singer, a young Puerto Rican by the name of Héctor Lavoe. In 1974, Pacheco began a historic collaboration with former Sonora Matancera vocalist Celia Cruz. Simply titled Celia & Johnny, their first effort together began with the incandescent “Químbara” – a track that encapsulates the very essence of the New York salsa explosion of the ‘70s and which stands as the artistic pinnacle of Celia’s own career. If there is one element that defines Pacheco’s copious discography, that would be his relentless desire to experiment. From the Fania heyday to this day, el maestro has jumped at the opportunity to make albums with talented artists from all walks of the tropical spectrum. The vitality of Johnny in his recent live performances across the globe are a clear indication that, in fact, “hay Pacheco para rato.” Indeed, we’ll have Pacheco with us for a long, long time to come. Liner Notes: Ernesto LechnerNacido en la República Dominicana en 1935, Johnny Pacheco creció hechizado por las canciones de Arcaño y sus Maravillas, Arsenio Rodríguez y Orquesta Aragón que escuchaba en la radio cubana. Era la edad dorada de la música afrocaribeña, la época en la cual Cuba creó los cimientos de todo lo quese vería en la música tropical durante las próximas décadas. A fines de la década del ‘50, el hermano de Eddie Palmieri, Charlie, contrató a Pacheco como percusionista en su banda. Juntos, los dos músicos crearon la famosa charanga La Duboney cuando Pacheco dejó la percusión para tocar la flauta – un instrumento que lo había seducido hace ya tiempo. La Duboney se basó en la estética de las charangas cubanas, combinando elegantes capas de violins con solos de flauta repletos de swing. Pese a que continuaron siendo grandes amigos, Pacheco y Palmieri decidieron tomar caminos separados cuando se dieron cuenta de que tenían ideas muy distintas sobre cómo debería sonar una charanga. Pacheco prefería un sonido más alegre y liviano, que chocaba con las improvisaciones barrocas de Charlie y su gusto por los sonidos disonantes. Pacheco formó su propia orquesta y grabó un demo que incluía una pegajosa tonada llamada “El Güiro de Macorina”. Gracias al locutor radial Rafael Font, la canción se convirtió en un éxito inmediato, y Pacheco firmó inmediatamente con la disquera Alegre Records de Al Santiago. Permanecería cuatro años con la compañía, grabando una serie de innovadores – y ahora legendarios - LPs bajo el nombre de Pacheco y su Charanga. En esa misma época, Pacheco estaba interesado en crear su propia disquera para así poder tener más control sobre su música. Con la ayuda del abogado Jerry Masucci, que lo había ayudado con un reciente divorcio, Pacheco fundó la compañía Fania – su nombre inspirado en una vieja composición de Reinaldo Bolaños. Eventualmente, las ganancias obtenidas con las grabaciones de Pacheco, que tuvo una gran cantidad de éxitos en los años ‘60 y ‘70, permitieron expandir la compañía e incorporar nuevos artistas a su plantel: el pianista judío-estadounidense Larry Harlow, el bajista Bobby Valentín y, en 1967, el dúo dinámico del trombonista Willie Colón y su cantante, un joven puertorriqueño llamado Héctor Lavoé. En 1974, Pacheco comenzó una colaboración histórica con Celia Cruz, la ex-cantante de la Sonora Matancera. Titulado Celia & Johnny, su primer disco juntos comienza con el descollante “Químbara” – un tema que sintetiza la esencia misma de la explosión salsera de los ‘70 en Nueva York, y que probablemente sea el punto más alto de la carrera artística de Celia. Si hay un elemento que define a la copiosa discografía de Pacheco, es su deseo de experimentar. Desde el auge de la Fania hasta el día de hoy, el maestro ha aprovechado cada oportunidad que se le presentó de colaborar con todo tipo de artistas del género tropical. La vitalidad de Johnny en sus recientes actuaciones en vivo en varios lugares del planeta parecerían indicar que, afortunadamente para todos nosotros, hay Pacheco para rato. Que así sea.