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Ismael Rivera

Ismael Rivera - Greatest Hits

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Ismael Rivera

Ismael Rivera - Greatest Hits

$9.99 Album
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Arrecotin Arrecotan
Duena De Mi Inspiracion
Las Caras Lindas
La Perla
De Todas Maneras Rosas
Soy Feliz
Las Tumbas
El Nazareno
Mi Negrita Me Espera
Dime Por Que
Me Tienes Loco
Bilongo
Dime La Verdad
Cucala
Borinquen
Yo No Quiero Piedras En Mi Camino
Ismael Rivera, El Sonero Mayor, a Puerto Rican salsa pioneer, vocal innovator and master of poly-rhythm, beloved by fans and admired by peers. In Panama, there’s a virtual cult surrounding Rivera, a devotee of that country’s Cristo Negro de Portobelo. “Maelo is the first who decides to ‘break clave,’ ” says Rubén Blades, Panama’s premiere salsero. “He invaded the spaces where the chorus started, which made his phrasing so powerful and thrilling. He didn’t wait his turn to ‘sonear.’ ” I first heard of Ismael Rivera in the summer of 1974 when El Sonero Mayor was already enjoying a late-career comeback. It was all new to me, a California college student seduced by salsa as a window on Caribbean culture. When a friend brought me a new album from New York, Traigo de Todo, I studied the artful cover for clues to this mysterious artist, El Brujo de Borinquen. The front shows only a clenched fist with a dainty daisy popping out between the fingers. On the back, we see the man attached to the hand, a middle-aged mulatto with a salt-and pepper beard, furrowed forehead and eyes of kindness, but also sorrow and struggle, like the weathered face of an old blues man. That visage seemed to capture the essence of this music, born of the joys and suffering of downtrodden people. His rhythmic daring and dexterity is evident in “Dime La Verdad,” one of two tracks on this collection with Rafael Cortijo, the seminal Puerto Rican bandleader who first urged his childhood friend to become a singer, instead of a bricklayer. This song is from the duo’s golden years in the 1950s, a time of social breakthroughs for blacks, represented on the island by the success of baseball heroes Roberto Clemente and Orlando “Peruchín” Cepeda. Cortijo and Rivera also dreamed of hitting it out of the park. As the singer once told Venezuelan radio personality César Miguel Rondón, author of El Libro de la Salsa: “It wasn’t a planned thing, you know, it was just one of those things that happened. It was all a people’s thing, a black thing. It was as if a cage was opening for us, and there was rage and Clemente started swinging his stick and that’s where we came in, you know, with our music. And it seems that same desire of ours to get out, to put an end to the ghetto, was what later made us a bit more premeditated. It’s just that we were hungry, Cesar. We were hungry.” After serving prison time on drug charges, Rivera reunited with Cortijo in 1966 and recorded Arrecotín Arrecotán the following year. But the comeback flopped and Rivera went solo in 1968, finally finding renewed success as a respected elder of the 1970s salsa boom. Most of the songs here are from that period, including his classics “El Nazareno” and “Las Caras Lindas,” which includes Rivera’s famed vocal improvisations over Mario Rivera’s tres solo. By this time, Rivera’s voice and vigor were clearly waning. Yet, his impact and influence stayed strong. On the inside of that double-gate album cover that so captured my attention 35 years ago, Rivera is reclining in jeans and hip sneakers. He has a raised eyebrow and the faint smirk that evokes the saying, “Mas sabe el diablo por viejo…” Or as Rondón puts it: “What his voice didn’t deliver, his wisdom did.” Liner notes written by Agustín Gurza Ismael Rivera, El Sonero Mayor, pionero de la salsa puertorriqueña, innovador vocal y maestro del poli-ritmo, amado por sus seguidores y admirado por sus colegas. En Panamá, existe casi un culto a Rivera, quien fue fiel peregrino del Cristo Negro de Portobelo en aquel país. “Maelo fue el primero que recuerde en ‘romper clave,’" dice Rubén Blades, el primerísimo salsero panameño. “O sea, se encaramaba en los acordes del soneo y ocupaba los espacios en donde los coros entraban, cosa que hacía sus pregones tan impactantes y emocionantes. No 'esperaba su turno" para sonear.” La primera vez que escuché Ismael Rivera fue en el verano de 1974 cuando El Sonero Mayor ya disfrutaba de un renacimiento artístico en su plena tercera edad. Yo era universitario californiano seducido por la salsa como expresión de la cultura caribeña, y todo para mi era nuevo. Cuando una amiga me trajo de Nueva York el disco del momento, Traigo de Todo, me puse a estudiar la portada artística buscando huellas para entender a este artista misterioso, El Brujo de Borinquen. Al frente, se ve solo un puño cerrado con una frágil margarita brotando entre los dedos. Y por detrás, aparece el dueño de esa mano, un mulato de mediana edad, con barba canosa, frente arrugada y ojos de bondad, pero también de lucha y tristeza. Esa imagen parecía captar la esencia de esta música, nacida entre los sufrimientos y regocijos de un pueblo oprimido. Su osadía rítmica es evidente en “Dime La Verdad,” una de dos canciones en esta nueva colección con el acompañamiento de Rafael Cortijo, el influyente director de orquesta quien fue el primero en convencer a su compañero de escuela ser cantante en lugar de albañil. Este numero proviene de la época de oro del dúo en los años 50, los que vieron el avance social para la raza negra, fenómeno manifestado en la isla por el éxito de los héroes beisboleros Roberto Clemente y Orlando “Peruchín” Cepeda. Cortijo y Rivera también soñaban con pegar un “jonron.” Como explica el cantante en una entrevista con el locutor venezolano César Miguel Rondón, autor de El Libro de la Salsa: “No fue una cosa planeada, tu sabes, son cosas que a veces suceden…..Todo fue una cosa del pueblo, del negro, era como que se nos estaba abriendo una jaula., y había rabia y Clemente empezó a repartir palos, y nosotros entramos ahí, tu sabes, con nuestra música….Y parece que el mismo deseo de nosotros de salir, de acabar con el arrabal, fue lo que después nos puso un poco premeditados. Y es que había hambre, Cesar. Había hambre.” Después de estar en la cárcel a causa de las drogas, Rivera volvió a unirse con Cortijo en 1966 y al año siguiente grabaron “Arrecotín Arrecotán.” Pero su retorno fracasó, y Rivera se independizó en 1968, logrando finalmente renovado éxito como el respetado veterano en la explosión salsera de los 70. La mayoría de las canciones de este disco son de esa época, incluyendo los números clásicos “El Nazareno” y “Las Caras Lindas,” el cual contiene las famosas improvisaciones del cantante sobre el solo de tres de Mario Rivera. A estas alturas, ya le fallaba la voz y el vigor a Rivera. Sin embargo, su impacto y su influencia se mantenían fuertes. Al abrir aquella portada que tanto me fascinaba hace 35 años, aparece Rivera reclinado casualmente usando jeans y unas zapatillas modernas. Una ceja levantada y una sonrisita complacida nos recuerdan del dicho, “Mas sabe el diablo por viejo…” O como dijo Rondón: “Lo que no daba la voz, lo daba la sabiduría.” Lineas discográficas escritas por Agustín Gurza