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Ruben Blades Con La Orquesta De Pete Rodriguez

De Panama A Nueva York

$1.50

Ruben Blades Con La Orquesta De Pete Rodriguez

De Panama A Nueva York

$9.99 Album
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Juan Gonzalez
Solo
Hey Man
When
Descarga Caliente
El Bravo
Donde
El Pescador
Amanecer
De Panama A Nueva York
This is the first U.S. recording by the young Panamanian, who was destined to become one of salsa’s major stars before the decade was out. But his domestic debut flopped and Blades soon found himself back in Panama, resuming his law studies. What he left behind, however, would become much more than just a prized collector’s item. Today, it’s a musicologist’s dream, a work that documents a great artist in the making. In truth, at this point in his nascent career, Blades wasn’t ready for the world stage either. He was barely out of his teens when he arrived for the first time in New York two years earlier, temporarily leaving home due to unrest at the University of Panama. Though already known as a rising talent in his native country, he was just another anonymous wannabe in the Big Apple, one with a guitar wrapped in a red plaid case and a set of unusual songs in his satchel. Though this star turn would prove premature, it also proved prescient for Alegre’s legendary producer Pancho Cristal, considered instrumental in bringing Blades to New York. As a novice, however, Blades lacked the clout to impart his own imprint to the production, and instead assumes the role of featured vocalist with the swinging band of Pete “Boogaloo” Rodriguez. Still, Blades brought something crucial to this early work – a unique artistic vision. Although still evolving, many of his essential traits – the story-telling, the common touch, the characters sketches, the knack for melody and the arresting soneos, or vocal improvisations – were already evident here. Many of these songs contain the kernel of concepts that would bloom in future years. The opening tune “Juan González,” for example, presages his “Cipriano Armenteros,” recorded in 1975 by Ismael Miranda. Both songs extol the legends of revolutionary folk heroes, borrowing the Mexican corrido, or narrative song, but with a clip-clop salsa rhythm. It’s the differences that are revealing. The later song is much more developed as a story, with more details, more verses and more concrete action. Also, unlike “Juan González” who is killed along with his tired and hungry rebels, Cipriano is rescued in a daring raid by his men who vow revenge, a rousing ending that inspires rather than laments. Still, the artist thought enough of “Juan González” four decades later to revive the tune during his 2008 European tour. In further foreshadowing, Blades addresses a heartbroken buddy bilingually in “Hey Man,” just as he would address a street drunk in a tune that starts, “What happened, man?”’ from 1976’s Salsa at Woodstock by Bobby Rodríguez y la Companía. “El Pescador” has hints of the haunting melody of “Prepara,” from 1979’s Crossover by the Fania All Stars; both songs are about departures and both blend tenderness and foreboding. And in “Descarga Caliente,” Blades unleashes a torrent of bristling soneos expressing his fierce independence and a sharp social message against pretense and materialism, a clear preamble to “Plástico” and “Siembra” from his classic 1978 album with Willie Colón. There are other elements here that would become Blades trademarks. The sound effects. The acoustic guitar intros. The old-fashioned feel for a Cuban bolero. The unpredictable vocal phrasing that leaps octaves to hold a high note. In his early years, Blades clearly imitated his hero, singer Cheo Felicano, notably on 1968’s “A Las Seis” recorded with Panama’s Los Salvajes del Ritmo, whose guitarist and songwriter Roberto Cedeno contributed the title track to “De Panama a Nueva York,” the only non-Blades tune here. So it’s striking that within two years, Blades had developed his own distinctive style, authoritative and inventive. When Blades returned to New York in 1974, he was still an unknown and salsa had exploded. Perhaps out of fear of failing again, he reverted somewhat to Cheo’s style on Ray Barretto’s self-titled 1975 album, which gave Blades his first turn with a major band and his first hit. By then, the world was finally ready for Rúben Blades. Anybody familiar with this album can hear that he had it in him all along. Liner notes written by Agustin Gurza Credits: Producer – Miguel Estivill Arrangements – Frank J. Rosa, Lino Frias, Ramón Emilio Aracena Engineer – Fred Weinberg Original Album Cover Design – Ely Besalel Original Album Cover Photo – Warren Flagler, Besalel Ltd Este es el primer disco estadounidense del joven panameño, cuyo destino era convertirse en una de las más grandes estrellas de la salsa antes de que terminara la década. Pero su disco debut fue un fracaso y Blades se encontró de regreso en Panamá, retomando sus estudios de abogacía. Lo que quedó de esta experiencia, sin embargo, fue mucho más que un disco buscado por los coleccionistas. Hoy, es el sueño de un musicólogo, un disco que documenta el desarrollo de un gran artista. En realidad, Blades tampoco estaba listo para los escenarios internacionales a este punto de su carrera. Apenas había cumplido 20 años cuando llegó a Nueva York, dos años atrás, dejando su país a causa de la intranquilidad que reinaba en la universidad de Panamá. Pese a ser conocido como un talento incipiente en su patria, en Nueva York era tan sólo un aspirante anónimo, un muchacho con una guitarra en un estuche de cuadros rojos y una mochila llena de canciones distintas. Fue éste un disco prematuro. Pero mostró la presciencia de Pancho Cristal, legendario productor de la Alegre, cuya presencia fue instrumental para que Blades llegara a Nueva York. Como principiante, Blades no contaba con el poder necesario para estamparle su sello a esta producción, apareciendo como cantante principal con la orquesta de Pete “Boogaloo” Rodríguez. Sin embargo, Blades le otorgó a este trabajo temprano un elemento crucial, la individualidad de su visión artística. Pese a que todavía estaban en proceso de gestación, muchas de sus características principales – el contar historias, la identificación con el hombre común, los bosquejos de personajes, el talento para la melodía y los soneos – quedan en evidencia aquí. Algunas de estas canciones contienen la semilla de conceptos que florecerían posteriormente. El tema de apertura “Juan González”, por ejemplo, presagia al “Cipriano Armenteros” que Ismael Miranda grabaría en 1975. Ambas canciones exaltan las leyendas de héroes revolucionarios, inspirándose en la estructura narrativa de los corridos mexicanos, pero con ritmo de salsa. Las diferencias entre ambos temas son reveladoras. "Cipriano" es una historia más desarrollada, con más detalles, mayor cantidad de versos y acción más concreta. Contrariamente a “Juan González”, que es asesinado junto a sus rebeldes cansados y hambrientos, Cipriano es rescatado en un arriesgado operativo por sus hombres, que prometen vengarse – un final épico que inspira en vez de provocar lamentos. De cualquier manera, el cantante pensó que “Juan González” era lo suficientemente interesante como para revivirlo, cuatro décadas después, durante su gira europea de 2008. Continuando con los anticipos de lo que vendría en el futuro, Blades le habla a un amigo que tiene el corazón roto en dos idiomas durante “Hey Man”, de la misma manera en que le hablaría a un borracho callejero diciéndole “What happened, man?”’ en el disco Salsa at Woodstock, lanzado por Bobby Rodríguez y la Compañía en 1976. “El Pescador” tiene dejos de la inquietante melodía de “Prepara”, del disco de 1979 Crossover de la Fania All Stars; ambos temas hablan de partidas, combinando ternura con presagios. Y en “Descarga Caliente”, Blades desata un torrente de soneos que expresan su orgullosa independencia y un agudo mensaje contra las pretensiones y el materialismo – claro preámbulo a “Plástico” y “Siembra”, de su clásico disco de 1978 con Willie Colón. Hay otros elementos que se convertirían en marca registrada de Blades. Efectos sonoros. Introducciones de guitarra acústica. El anticuado sentimiento de un bolero cubano. Los fraseos impredecibles que saltan octavas para sostener una nota alta. Durante sus primeros años, Blades imitó claramente a su héroe, el cantante Cheo Feliciano, notablemente en el tema “A Las Seis” de 1968, grabado junto a Los Salvajes del Ritmo de Panamá, cuyo guitarrista y cantautor Roberto Cedeno contribuyó el tema que le da su nombre a “De Panamá a Nueva York" – el único tema del disco que no es de Blades. Vale la pena señalar que dentro de los próximos dos años, Blades había desarrollado un estilo propio, rebosante de invención y autoridad. Cuando Blades regresó a Nueva York en 1974, seguía siendo un desconocido y el movimiento de la salsa había estallado. Tal vez por miedo a fracasar nuevamente, permaneció fiel al estilo de Cheo en el disco 1975 de Ray Barretto que lleva su nombre – la primera oportunidad que disfrutó Blades con una gran orquesta y un primer éxito. Para ese entonces, el mundo estaba listo para recibir a Rubén Blades. El que conoce este disco sabe que el cantante estaba listo para ser reconocido desde el principio. Lineas discografícas escritas por Agustín Gurza Créditos: Productor – Miguel Estivill Arreglos – Frank J. Rosa, Lino Frias, Ramón Emilio Aracena Ingeniero de Sonido – Fred Weinberg Diseño de Portada Original – Ely Besalel Fotografía de Portada Original – Warren Flagler, Besalel Ltd