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Joe Cuba

Bang Bang Push Push

$1.50

Joe Cuba

Bang Bang Push Push

$9.99 Album
$9.99 Album
$9.99 Album
Bang Bang
Mujer Divina
Oh Yeah
La Malanga Brava
Que Son Uno
Sock It To Me
Asi Soy
Triste
Alafia
Push Push Push
Cocinando

“Let’s just try it out, Sonny, if it doesn’t work, I’ll buy you a double”. The place: Palm Gardens Ballroom, mid-town Manhattan. The year: 1966. Singer Jimmy Sabater was trying to persuade his bandleader, José “Sonny” Calderón, or Joe Cuba, to implement a new idea that Sabater had in mind for some time. Reluctantly, Cuba agreed. Sabater gave pianist Nick Jiménez the tumbao (rhythm figure) and in an instant, the mainly African-American Harlem audience was singing along: “Beep beep… hah… beep beep…’” And that, more or less, is how one of 1960’s Nuyorican music’s biggest hits, Bang! Bang! Push, Push, Push was born.

Although Richie Ray’s Jala Jala Boogaloo was probably the first release to mention “boogaloo,” and, according to Sabater, was the inspiration for Bang! Bang!, it’s still fair to say that Joe Cuba and his band developed the boogaloo (bugalú ) genre to a pitch that made it acceptable to even the most hardened old-school Cuban musicians and listeners. The success of this Joe Cuba album explains in some way how Latin funk and boogaloo came about. As neighbors, African-American and Puerto Rican New Yorkers had been enjoying each other’s parties and music for years. Many seminal vocalists—such as Sabater himself, Bobby Marin and others—spent the early 1950’s catching the doo-wop echoes on the Harlem stoops with the many street-corner vocal groups of the time. Meanwhile, doo-woppers such as the Harptones were giving a reciprocal tip of the hat to Cuban and Puerto Rican peers with songs such as Mambo Boogie and Hey Señorita. Sabater himself was once quoted as describing boogaloo as “just cha cha cha with a backbeat.”

Before signing with Tico Records in 1965, New York-born vibraharpist Cuba already had a solid track record as a popular performer with cross-racial appeal, just as happy to sing vocals in Spanish as in English. He had ridden the earlier pachanga and Afro-Cuban crazes with fine releases on the Mardi Gras, Embajador and Seeco labels, when his band had featured the superb Spanish-language vocals of Cheo Feliciano. The 1962 Seeco album, Steppin’ Out, featured the massive hit ballad To Be With You, as well as the prototype salsa-descarga A Las Seis.

So it came as little surprise to those Latin musicians and fans “in the know” that Cuba’s magic touch should also extend to boogaloo. The watershed for boogaloo was the collapse of diplomatic relations between Havana and Washington, D.C., in 1961. New York’s pachanga and mambo crazes had relied on a steady flow of musical talent back and forth between the United States and Cuba, but suddenly, there was a void of talent, new “sounds” and new crazes. Enter the always present influence of African-America jazz and R&B, as well as the stripped-down, versatile six-piece line-up that was Cuba’s real innovation. Without a massive horn section to arrange for, new trends could be harnessed to the Latin chariot quickly and easily, and a multi-cultural, music-hungry public swiftly followed. So Cuba’s albums often had bi-lingual titles such Vagabundeando/Hangin’ Out or Cocinando La Salsa/Cookin’ The Salsa, etc. and were among the first artists to do so.

This particular album contains Cuba’s biggest-selling record of all time, Bang! Bang! Push, Push, Push. The tune also was released as a seven-inch single and crossed over into the international pop charts. But there are other joys here that are too easily overlooked because of that title’s overarching success: check out singer Sabater’s salsa swing on Malanga Brava and Así Soy; or the descarga Cocinando, where the musicians encourage each other “off-mike.” Sock It To Me and Oh Yeah carry the required contemporaneous Harlem swagger, while the title track is neatly restated near the end of the record in Push, Push, Push, just in case we’d forgotten how good Bang!Bang! sounded at the beginning!

In the shadow of Cuba’s and Sabater’s unique talent, it would be too easy to overlook the valuable contributions of the other members of the sextet. The rhythm section was one of the tightest in town at that time (Cuba himself being part of it). And special praise goes to pianist Nick Jiménez who played with great swing throughout this session, as well as being responsible for arranging and co-composing many of their most popular selections. Listen to the way in which the vibes slot into the percussion arrangements. Of course, the vibraharp is technically a percussion instrument. But years of listening to Cal Tjader’s more measured, improvised approach to vibes had obscured its original strengths that Lionel Hampton had first highlighted—and which Joe Cuba took into the heart of Afro-Latin party music.

Written by John Armstrong
“Tratemos, Sonny, si no resulta, te invito un trago doble”. El lugar: Palm Gardens Ballroom, en el centro de Manhattan. El año: 1966. El cantante Jimmy Sabater estaba tratando de persuadir al líder de su orquesta, José “Sonny” Calderón, o Joe Cuba, de implementar una nueva idea que Sabater tenía en mente desde hacía algún tiempo. Con renuencia, Cuba aceptó. Sabater le dio al pianista Nick Jiménez el tumbao (figura rítmica) y en un instante la audiencia, principalmente afro-americanos de Harlem, estaba cantando: “Bip bip… aaaah… bip bip…" Y así, más o menos, es cómo nació uno de los mayores éxitos de la música Nuyoricana de los años sesenta, Bang! Bang! Push, Push, Push

A pesar de que Jala Jala Boogaloo de Richie Ray, probablemente, fue el primer tema que menciona el “boogaloo” y, según Sabater, fue la inspiración para ¡Bang! ¡Bang!, es justo decir que Joe Cuba y su orquesta desarrollaron el género del boogaloo (bugalú) a un nivel que lo hizo aceptable incluso para los más duros músicos y oyentes de la vieja escuela cubana. El éxito de este álbum de Joe Cuba explica, de alguna manera, cómo se produjeron el funk latino y el boogaloo. Como vecinos, los afro-americanos y los puertorriqueños de Nueva York habían estado disfrutando, por años, las fiestas y música que ambas comunidades organizaban. Muchos vocalistas originales –como el mismo Sabater, Bobby Marín y otros- pasaron los primeros años de la década de los cincuenta adquiriendo los ecos del doo-wop, apoyados en los postes de alumbrado de Harlem, viendo a los grupos vocales que se paraban en las esquinas en esos años. En tanto, los músicos de doo-wop, como los Harptones, hacían un saludo recíproco a sus colegas cubanos y puertorriqueños con canciones como Mambo Boggie y Hey Señorita. Hay una cita del mismo Sabater en que describe al boogaloo como “sólo un cha cha cha con un ritmo de fondo.”

Antes de firmar con Tico Records en 1965, Cuba, vibrafonista y arpista nacido en Nueva York, ya tenía un historial sólido como cantante popular con un encanto que iba más allá de su raza, feliz de cantar letras tanto en español como en inglés. Él había incursionado en las anteriores modas afro-cubana y de la pachanga, con excelentes trabajos para los sellos Mardi Gras, Embajador y Seeco, cuando su orquesta contaba con la soberbia voz en español de Cheo Feliciano. El álbum grabado en 1962 con Seeco, Steppin’ Out incluía el gran éxito, la balada To Be With You, al igual que el prototipo de salsa-descarga A Las Seis.

Por eso fue no fue una gran sorpresa para aquellos músicos y fanáticos latinos “en el medio”, que el toque mágico de Cuba también se extendiera al boogaloo. El momento decisivo para el boogaloo fue el quiebre de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington D.C., en 1961. El furor de la pachanga y el mambo de Nueva York habían dependido de un flujo continuo de talento musical, que iba y venía entre los Estados Unidos y Cuba, pero, de pronto, hubo un vacío de talentos, nuevos “sonidos” y nuevas modas. Llega la siempre existente influencia del jazz afro-americano y del R&B, así como la simple y versátil formación de seis elementos, que fue la real innovación de Cuba. Sin una pesada sección de vientos que arreglar, las nuevas tendencias podían ser amarradas al carro latino rápida y fácilmente, y un público multicultural y hambriento de música rápidamente los siguió. Por eso, los álbumes de Cuba, a menudo, tenían títulos bilingües, como Vagabundeando/Hangin’ Out o Cocinando La Salsa/Cookin’ The Salsa, etc. y estuvieron entre los primeros artistas que los hicieron así.

Este álbum en particular contiene la grabación más vendida de Cuba de todos los tiempos, Bang! Bang! Push, Push, Push. El tema también fue lanzado como un single de 7” y saltó a las listas de éxitos internacionales. Pero hay otras alegrías que son muy fácilmente pasadas por alto aquí, debido a que el envolvente éxito de ese título verifica el movimiento salsa de Sabater en Malanga Brava y Así Soy, o la descarga Cocinando, donde los músicos se animan unos a otros "fuera de micrófono". Sock it to Me y Oh Yeah llevan la insolencia requerida del Harlem contemporáneo, en tanto el tema que da el nombre al disco es rápidamente re-expuesto cerca del final de la grabación en Push, Push,Push, ¡sólo en caso de que hayamos olvidado lo bien que sonaba Bang! Bang! al principio.

A la sombra de talento único de Cuba y Sabater, sería demasiado fácil pasar por alto las valiosas contribuciones de otro miembro del sexteto. La sección rítmica fue una de las más cerradas en la ciudad durante esa época (el mismo Cuba fue parte de ella). Un elogio especial va para el pianista Nick Jiménez, quien tocó con gran movimiento en toda esta sesión, además de ser responsable de los arreglos y la co-composición de varias de sus más populares selecciones. Escuchen la forma en que el vibráfono se introduce en los arreglos de la percusión. Por su puesto, el vibraarpa es técnicamente un instrumento de percusión. Sin embargo, años de escuchar el enfoque más mesurado e improvisado de Cal Tjader tocando el vibráfono, oscurecieron las fuerzas originales que Lionel Hampton primero había destacado –y que Joe Cuba llevó al corazón de la música festiva afro-latina.

Escrito por John Armstrong