No encontrará boleros aterciopelados como "Inolvidable" o "Llanto de Luna" en esta colección. Al enfocarse en los años que pasó grabando para la disquera Tico, esta entrega de la colección La Herencia presenta un lado distinto de Tito Rodríguez, concentrándose en temas bailables. El talento del cantante puertorriqueño para interpretar fogosos mambos y entrañables cha cha chas era notable.
Rodríguez falleció en 1973, dejando un impresionante legado artístico que, en décadas posteriores, ha sido distorsionado por la apreciación subjetiva de muchos de sus admiradores. Hoy, es recordado casi exclusivamente por sus grabaciones de boleros. Y sin embargo, como el gran admirador de Tito Rodríguez, el sonero Gilberto Santa Rosa, he expresado en más de una oportunidad, Tito era un fuera de serie dentro del género afrocubano: igualmente cómodo con canciones románticas y con el tipo de material bailable que motivaba a sacudir las caderas con abandono a los clientes del mítico centro nocturno Palladium.
El Inolvidable era un artista ecléctico. Pese a que poseía una de las voces más notorias de la música tropical, grabó discos instrumentales. Un talentoso músico y compositor que estudió vibráfono y percusión en la prestigiosa Juilliard School of Music, dedicó su carrera a experimentar con una gran variedad de estilos.
Basta con darle una mirada a los temas de esta colección para apreciar el registro estilístico del cantante. Hay una versión rápida y aguda del bolero "Piel Canela", y un infartante "Voy Pa’ Las Villas", interpretado por el Sexteto La Playa con la sabrosa guitarra eléctrica del puertorriqueño Payo Alicea en vez del acostumbrado tumbao de piano.
¿Podría la industria de la música latina producir hoy una canción como "La Chancletera"? El tema, sobre una mujer que empieza a bailar el guapachá en chancletas ni bien despierta y prende la radio en la mañana, tiene un aire de dulzura de otros tiempos. Habla de una época más inocente que la nuestra. "Chancletea, chinita, mi guapachá," canta Rodríguez, y su voz suena muy elegante acompañada por el swing de su orquesta.
Pablo Rodríguez Lozada nació el 4 de enero de 1923 en Santurce, Puerto Rico. Sus padres eran de origen cubano y dominicano. Tito empezó a lidiar en la música en la isla del encanto-- cantando con el Cuarteto Mayarí-- cuando, después de la muerte de sus padres, decidió seguir los pasos de su hermano Johnny y trasladarse a Nueva York. Allí pasó la década del '40 trabajando con artistas afrocaribeños del calibre de Machito, Chano Pozo, Xavier Cugat, Arsenio Rodríguez y el pianista puertorriqueño Noro Morales.
Allá por 1947, Rodríguez comenzó a liderar sus propios grupos. Su asociación con la disquera Tico fue relativamente breve. Grabó para la compañía entre 1949 y 1953, y después de 1956 a 1958. El resultado fueron varios discos de 78 revoluciones, además de discos de 10 pulgadas de mambos, y algunas grabaciones de 12 pulgadas. Tico continuaría reciclando este material en compilaciones como Nostalgia Con Tito Rodríguez y Uptempo.
Durante los años '50, Tito grabó un número de sesiones para la disquera RCA (hogar de su notorio rival, "el otro Tito", Tito Puente). Su momento más grande llegó a través de su asociación con la United Artists en la década del '60, cosechando éxitos como "Cara de Payaso", "Cuándo, Cuándo" y el clásico "Inolvidable". Nunca dejó de expander su repertorio, grabando en los géneros de merengue, bossa nova, samba y bugalú.
En 1966, el cantante decidió regresar a Puerto Rico, donde explotó su imagen elegante en el conocido programa de televisión El Show de Tito Rodríguez. El programa (fragmentos del cual se pueden apreciar en un DVD patrocinado por el mismo Santa Rosa) presentaba al cantante hablándole a la audiencia en su estilo aristocrático, rodeado por un grupo de beldades. Los invitados eran personalidades ilustres como Shirley Bassey y Tony Bennett.
En 1971, Rodríguez expandió su imperio musical al crear su propia disquera, TR Records. Trabajó con la charanga Típica Novel y con la orquesta del talentoso arreglista Louie Ramírez. Lejos de ser un profesional egoísta, fue generoso con sus colegas. En 1964, por ejemplo, apoyó al talentoso Vitín Avilés (un cantante muy parecido a Tito en su estilo vocal) en el disco Tito Rodríguez Presenta: Vitín Avilés para Musicor.
En 1970, El Inolvidable había sido diagnosticado con leucemia. Su último concierto fue una actuación en Nueva York con la orquesta de Machito, el 2 de febrero de 1973. 26 días más tarde, falleció en Florida, en los brazos de su esposa. Su cuerpo fue transportado a Puerto Rico para que sus admiradores boricuas lo pudieran saludar una última vez. Tenía sólo 50 años.
Haciendo una retrospección, es necesario agradecer a Tito Rodríguez por su rigurosa ética de trabajo. Su discografía es tan prolífica, que resulta difícil creer que falleció a una edad tan temprana.
En las décadas que transcurrieron desde su muerte, muchos artistas afrocaribeños, desde Roberto Roena y la Fania All Stars hasta Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa rindieron tributo a uno de los artistas más carismáticos de la música latina. Esperamos que los 16 temas de esta compilación lo inspiren a seguir explorando su prodigiosa obra.
Escrito por Ernesto Lechner
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