El cancionero navideño puertorriqueño es un tesoro inagotable de estilos y formas folclóricas que, a través de una centuria, ha enmarcado musicalmente las tradiciones heredadas de nuestros ancestros. El resultado ha sido una expresión cultural, rica y diversa, que desde los cañaverales costeros y los cafetales de las montañas borincanas llegó al Barrio Latino de Nueva York y desde allí trascendió a las comunidades hispanas de Chicago, Boston, Filadelfia y Orlando, gracias a los inmigrantes puertorriqueños que en sus equipajes también incluyeron el cuatro, el tiple y la bordonúa; los panderos de plena; los barriles de bomba y las letanías a la Virgen del Rosario.
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El cancionero navideño puertorriqueño es un tesoro inagotable de estilos y formas folclóricas que, a través de una centuria, ha enmarcado musicalmente las tradiciones heredadas de nuestros ancestros. El resultado ha sido una expresión cultural, rica y diversa, que desde los cañaverales costeros y los cafetales de las montañas borincanas llegó al Barrio Latino de Nueva York y desde allí trascendió a las comunidades hispanas de Chicago, Boston, Filadelfia y Orlando, gracias a los inmigrantes puertorriqueños que en sus equipajes también incluyeron el cuatro, el tiple y la bordonúa; los panderos de plena; los barriles de bomba y las letanías a la Virgen del Rosario.
A pesar de su pobreza material, el estilo de vida del boricua promedio era rico en sentimientos. Su espíritu vivaracho y festivo es único. Y en Navidad, de una manera singular, se manifiesta en costumbres como las parrandas o asaltos navideños y con la confección de manjares gastronómicos como el lechón asado a la varita, las morcillas, el arroz con gandules, los pasteles y el ron caña o pitorro.
Fue tan fuerte la identidad de la diáspora boricua que arribó a Nueva York en la posguerra que hasta en Japón han resonado el cuatro de Yomo Toro y las tonadas jíbaras de Ramito.
No hay otro país que celebre la Navidad con la algarabía, la pasión y el entusiasmo del pueblo puertorriqueño, en quien se conjugan la espiritualidad del español, la cadencia del africano y el sentimiento del taíno.
Y el repertorio de esta colección de éxitos, que se me antoja bautizar con el título Rumbón Navideño, es el mejor ejemplo.
Sin las vivencias de autores como Flor Morales Ramos, Chuíto el de Bayamón, Bobby Capó, Claudio Ferrer, Tite Curet y otros, la narrativa cultural navideña no existiría. Aportan elocuentemente la materia prima porque viven y después documentan en sus composiciones sus experiencias. Las orquestas de Willie Colón, Richie Ray, Sonora Ponceña, Impacto Crea y Pete Rodríguez se encargan de depurar el proceso creativo al fusionar el aguinaldo, el seis chorreao’, la plena y la bomba con la salsa.
No debe extrañar, pues, que un Héctor Lavoe se inspire en la decimilla del aguinaldo “Patria y Amor” de Ramito y, con el pretexto de un canto urgente para Borinquen, evoque con nostalgia al terruño amado; la amabilidad de su gente y sus bellezas naturales, jurando que perennemente le cantará a la Nación Puertorriqueña desde la otra vida.
Ya en una nota más jocosa, Chuito, con el acompañamiento de la orquesta de Johnny El Bravo, pregona que se toma “el ron y la cerveza fría porque en Bayamón, Mon, llueve to’ los días” mientras Ismael Rivera, en la obra de Bobby Capó, narra que su “Tía María, guardaba bajo la cama, dentro de sus ramas, pitorro en gran cantidades”.
La temática del humor es otra característica del repertorio navideño cultivado en Borinquen en el siglo 20. Ramito canta que en la Navidad hay que eliminar a los feos, refiriéndose a varios de sus compañeros del ambiente musical.
Esta colección no pudo estar completa sin el bolero “Noche de Paz”, interpretado por Santitos Colón con el marco de un arreglo de cuerdas del argentino Jorge Calandrelli.
Y, tras la pausa solemne de Santitos, el rumbón continúa con la salsa navideña de Willie y Héctor Lavoe, Richie & Bobby, Cheo Feliciano, Cortijo, Impacto Crea, Pete Rodríguez (quien incorpora al boogaloo la obra “De La Montaña Venimos” de Bobby Capó) y Mon Rivera.
El parrandón despierta a Pinki; en la víspera de la Navidad Cheo y Tite afirman que se la gozarán entera mientras Ismael Miranda con Impacto Crea le imparten vida a los versos que Chalina Alvarado inspiró en la hospitalidad y nobleza del jíbaro puertorriqueño.
¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!
Escrito por Jaime Torres-Torres
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