
Ray Barretto fue una de las fuerzas que impulsó el sonido de la música latina a adentrarse en la conciencia popular. Su duro sonido se balanceaba perfectamente entre la energía áspera de la calle y la sutileza del jazz que había amado desde su niñez. En una entrevista con NPR, Ray contó el secreto clave de su sonido: “Creo que una de las ventajas que tuve fue que, gracias a toda la música americana que había escuchado, no estaba empezando con una perspectiva isleña. Fuese esa isla Cuba o Puerto Rico, sabes, entendía el género”. Ese equilibrio se encaminaba a toda marcha en su álbum Latino con Soul, donde el estilo antiguo de la charanga en el cual trabajaba se echó a un lado y abrió paso al nuevo sonido del boogaloo, que combinaba el R&B americano con ritmos latinos. La mezcla de estos dos mundos impulsaría a Ray a niveles creativos aún más altos de los que ya había alcanzado.
Para el 1967 el boogaloo estaba cobrando fuerza como el estilo preeminente de la música Neoyorkina, con artistas como Ricardo Ray, Joe Cuba y Pete Rodríguez al mando. El primer sencillo de Barretto, “El Watusi”, de Charanga Moderna, le había abierto las puertas al sonido del boogaloo unos años antes, en 1962. Pero en aquel momento Ray decidió dejar atrás su influencia de R&B y continuar su trabajo en el estilo popular de la charanga, lo que hizo por gran parte de los años 60.
La vida de Ray siempre había estado llena de música. Cuando era un niño escuchaba las grandes bandas hasta bien entrada la noche mientras su madre estaba fuera de la casa tomando clases de inglés. Más adelante encontraría un refugio libre de prejuicios raciales en el club nocturno para los oficiales negros durante su servicio militar en Alemania cuando era joven. Fue durante esta etapa en el ejército que escuchó la presentación explosiva del percusionista cubano Chano Pozo interpretando “Manteca”, de Dizzie Gillespie. Ray se sintió seguro de sí mismo, y por primera vez comprendió realmente su propósito. En una entrevista con el Austin Chronicle recordó, “Esa canción me dejó como loco. En ella se basó la inspiración para convertirme en músico profesional”.
Una vez de regreso se lanzó de cabeza a su nueva pasión, tocando conga con todo el mundo, desde Charlie Parker hasta el director de orquesta de mambo José Curbelo, y eventualmente con la orquesta de Tito Puente. Ray recordó que Tito no dejaba que se fueran al terminar sus presentaciones en el Palladium los domingos por la noche: “Teníamos que quedarnos luego del show para ensayar”. Continuó, “Así es que cuando la gente se iba al final de la noche—a las tres de la mañana—esperábamos una hora para que limpiaran el salón, y entonces ensayábamos todos los domingos desde las cuatro hasta las seis o siete de la mañana. Luego nos podíamos ir a la casa”.
La dedicación al trabajo y la ética profesional de Tito se le pegaron. A medida que Ray se mantenía bien ocupado con un pie plantado en el mundo de la música latina, el otro pie estaba firmemente plantado en el mundo del jazz. Se convirtió en el conguero del momento en Nueva York y tocó en varias grabaciones de jazz para sellos como Blue Note, Prestige y Riverside.
Sin embargo, para mediados de los años 60 las cosas estaban cambiando y Ray estaba conciente de que tenía que mantener su música fresca. Una chispa que encendió a su banda fue la adición de dos cantantes electrizantes, Adalberto Santiago y Pete Bonet. Adalberto trajo la atracción sexual con su rico barítono, mientras la alocada influencia estrepitosa tipo soul de Pete convirtió el evento en una verdadera fiesta.
Adalberto Santiago había cantado para varios directores de orquesta, incluyendo a Chuíto Vélez, Willie Rodríguez y Willie Rosario. Pero cuando Ray lo vio cantar en El Caborojeño, un famoso club de Nueva York en la calle 145 y Broadway, supo que la profundidad musical del cantante ayudaría a elevar a su grupo al próximo nivel. “Tocamos juntos por sólo un par de meses antes de grabar Latino con Soul”, recuerda Adalberto. “Probábamos las canciones en los [clubes]”. En esos días no había ni dinero ni tiempo para largas sesiones de estudio, así que los grupos tenían que utilizar las presentaciones en vivo para practicar su nuevo material. “¡Creo que la grabación nos tomó dos días!”, dice Adalberto mientras se ríe.
Este álbum marcó un gran cambio para la banda. Aunque hay en él canciones de los días de la charanga que utilizan las cuerdas de manera romántica como “Lo Mismo Que a Usted” y “Love You (Eras)”, el productor Henry Jerome sabía que la onda en la calle era un sonido más punzante, y por lo tanto movió las trompetas y los instrumentos de viento a un lugar más destacado. Ray arranca con “Bilongo”, una composición de Justi Barreto. Utiliza esta divertida canción sabiamente para marcar el cambio de dirección. El tema empieza como una simple charanga para piano, y poco a poco crece con la adición de elementos como palmadas que acompañan las cuerdas rudimentarias hasta que, más o menos a la mitad de la canción, un ataque de instrumentos de viento anuncia que ha llegado un nuevo día. Los vientos siguen marchando adelante en las calientes salsa-guarachas “Trompeta y Trombón,” “El Picor,” y “Fuego y Pa’lante”.
Los boogaloos comienzan con “Boogaloo con Soul”, un boogaloo particularmente lento que es más estilo blues que el típico corte estilo R&B. Es además un poco más largo que la mayoría de los boogaloos normalmente escuchados en el radio, con una duración de un poco más de cinco minutos. Ray utiliza el tiempo adicional para darle a la canción un poco del formato bebop. Las cuerdas y vientos tienen ambos pequeños solos, pero él mantiene las cuerdas al margen y las utiliza como elementos de percusión, lo cual le brinda a la canción un aire de soul.
La fiesta comienza verdaderamente con el segundo boogaloo, “Do You Dig It?”. Pete Bonet se destaca cuando echa a andar las cosas con una sección de palmadas estilo soul con las cuales acompaña la eterna pregunta, “Hey, baby. You wanna party awhile?” (“Oye, chica. ¿Quieres festejar un rato?”) mientras Adalberto y los muchachos le responden de la única forma que tiene sentido, “Yeah, yeah!” (“¡Sí, sí!”). Y Pete concluye, “Well, come on and boogaloo with me!” (“¡Pues ven y baila boogaloo conmigo!”)
Y durante los próximos años, Ray Barretto hizo exactamente eso. Se unió a la familia disquera Fania Records poco después de lanzar Latino con Soul. Fue una movida que completó la transformación que comenzó con ese álbum. Al acoger completamente al soul latino y dejar atrás las cuerdas en lugar de un sonido totalmente metálico, fue capaz de adentrarse por completo en el ambiente contemporáneo y estallar dentro de él con su obra maestra Acid. Ray Barretto siempre estuvo envuelto en los mundos de la música latina y el jazz, pero fue su habilidad innata de balancear el alma de Nueva York con el corazón del Caribe que prendería en candela las mentes, así como también las piernas bailarinas, del público.
Escrito por Robbie Busch
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