Ocho Ocho
Cuando se le pregunta acerca de su grupo “Ocho”—influyente pero de corta duración—el director de orquesta e instructor Chico Mendoza responde con una anécdota sucinta. “Ray Barretto me dijo una vez, ‘Chico, me encantó tu banda, hombre. Pero déjame decirte, ¡Ocho llegó antes de su tiempo!’ Y eso es básicamente lo que resume a Ocho hasta el día de hoy. Era anacrónico lo que hacíamos. No era ni el lugar ni el tiempo correcto. Pero hoy se escuchan la fusión y el jazz latino en todas partes”. ...MÁS >
Cuando se le pregunta acerca de su grupo “Ocho”—influyente pero de corta duración—el director de orquesta e instructor Chico Mendoza responde con una anécdota sucinta. “Ray Barretto me dijo una vez, ‘Chico, me encantó tu banda, hombre. Pero déjame decirte, ¡Ocho llegó antes de su tiempo!’ Y eso es básicamente lo que resume a Ocho hasta el día de hoy. Era anacrónico lo que hacíamos. No era ni el lugar ni el tiempo correcto. Pero hoy se escuchan la fusión y el jazz latino en todas partes”.
Sin duda, el hecho de que alguien como Ray Barretto—uno de los más grandes congueros que jamás haya pisado la faz de la tierra—te diga que estás adelantado a tu tiempo no te hará renunciar a tu trabajo regular, pero sí ayuda a validar lo que muchos músicos y críticos—si no el público consumidor—pensaba de este grupo de ocho integrantes proveniente de Newark, Nueva Jersey. “Su música se salía un poco de lo común, comparado con lo que se producía en aquel entonces”, dice el productor veterano Bobby Marín, quien supervisó los cuatro discos de Ocho. “Me gustaría poder decir que se hicieron famosos y todo eso, pero realmente no los apreciaban como lo hacen en la actualidad”. Que Ocho sea, o no, más apreciado ahora que durante su carrera de cuatro años en la década de los años 70, sigue siendo tema de discusión. Lo que sí es seguro es la calidad singular de su música: una mezcla de música latina, jazz, soul y funk forjados y pulidos no en las calles de Spanish Harlem, sino en los clubes al otro lado del Hudson.
Chico Mendoza no comenzó su vida como un Chico. Su nombre original fue Ira Roberts Jr. y nació en Jacksonville, Florida, en 1939. El joven Ira vivió rodeado de discos, literalmente. “No teníamos mucho espacio”, recuerda Chico. “Así que los discos 78 [rpm] estaban uno arriba del otro como si fueran pilares; creo que había una docena de pilares de discos por toda la casa y toda la familia de mi madre sabía exactamente dónde encontrar cada disco. La música comenzaba a tocar en la Victrola y yo los veía bailar a todos. Se pasaban bailando este buenísimo jazz y R&B hasta las altas horas de la madrugada”. La influencia sónica, por el lado de su padre, llegó desde el Caribe. “Mi padre era mitad cubano. Como mercante marinero hacía breves viajes a Cuba y traía discos a casa. Hablaba muy bien el español, de modo que cantaba estas canciones cubanas por toda la casa. Así que yo de chiquito escuchaba toda esta música. Por una parte escuchaba el jazz, blues y R&B, y por otra parte escuchaba toda esa música cubana. La fusión que resultó en el jazz latino a mí me llegó de forma natural”.
Si bien se sembraron las semillas musicales en aquella época, no echaron raíces hasta que la familia se mudó a Montclair, Nueva Jersey, donde Ira recuerda haber escuchado un disco que cambiaría su vida. “Escuché mi primer disco de Tito Puente, ‘Mambo Diablo,’ y ¡me volví loco! Era jazz latino, aunque no se llamaba así en aquel entonces. De inmediato le dije a mi madre que quería tomar clases de batería, porque Tito era baterista”. Obsesionado, a la larga aprendió por sí solo a tocar el piano y también teoría de música y armonía de forma lírica, abriéndose paso en una banda local popular, los Cubaneers. Se había dado un estirón de estatura para cuando tenía 16 años de edad, lo que le permitió colarse en los clubes icónicos de la ciudad de Nueva York.

“Veía a personajes como Dizzy, Carmen McRae, Stan Kenton en Birdland y luego iba al Palladium ¡para ver a Tito Puente! Todos los muchachos de mi banda salían a la pista a bailar mientras yo me quedaba cerca de los músicos ¡para leer sus partituras!” Seguro de que la música sería su vocación, el emergente director de orquesta adoptó el nombre de Chico Mendoza y formó otro grupo que con mayor frecuencia se presentaba y se hacía de seguidores fieles en los fértiles escenarios de los clubes de Newark. “A medida que me hacía más popular”, dice Mendoza, “pude encontrar músicos de jazz que entendían de verdad cómo tocar la música latina”.
La comadrona en el nacimiento del grupo Ocho fue otro Chico—Chico Álvarez—quien trabajaba con Marín en UA Latino (y quien más adelante diseñaría las portadas de los LP de Ocho), y cuyo amigo tocaba las congas en la banda de Mendoza. “Chico me habló de un grupo instrumental de Newark que se llamaba la Orquesta Tropical de Chico Mendoza, o algo así”, recuerda Marín. “La primera canción que tocaron en la audición fue “Flautira’ y me enamoré en ese mismo instante— ¡fue una cosa súper agradable y nítida! Me impresionó, de manera muy especial, el hecho de que todos fueran afroamericanos tocando un grandioso jazz latino y salsa. Y tocaban como locos. Tenían todos los ingredientes, pero yo dije, ‘Ese nombre hay que cambiarlo’. Les pregunté, ‘¿Cuántos son?” Añade Mendoza, “Querían que la banda tuviera un nombre con una sola palabra, como los Beatles y las Supremes, porque era lo que estaba de moda en aquella época”. Así nació el grupo recién bautizado con el nombre de Ocho.
Grabado en Broadway Studios en el centro de Manhattan en junio de 1972, Ocho fue estructurado principalmente en torno a las canciones del catálogo publicitario de Morro, propiedad de Fred Ryder de UA Latino. “Era un callejón sin salida”, dice Mendoza. “Pero realmente no importaba, porque yo era arreglista primero que nada”. Como arreglista, conductor, pianista, vibrafonista y percusionista, Mendoza dirigió a Ocho a través de los clásicos cubanos, tales como “Oríza”, “Suena Tu Bongó” y “Coco May May” poniendo su propio sello contemporáneo en canciones que con frecuencia tenían movimientos múltiples. “En el caso de ‘Oriza’ yo traté de combinar el sonido de R&B con el sonido de rock. Lo que pasa es que UA competía con Tico y Fred Ryder quería lograr algo que sonara como ‘Oye Como Va’ que se pudiera asociar con United Artists. Así que se nos ocurrió ‘Ay Que Frío’, que fue todo un éxito en la radio, pero no se vendió mucho”. No obstante, unos cuantos originales lograron salir a la luz incluyendo el tema que se llevó el contrato discográfico, “Flautira”, así como la incursión del grupo en lo psicodélico. “‘Undress My Mind’ fue la primera canción que compusimos juntos Bobby y yo”, dice Chico. “Nos sentamos al piano y yo dije: ‘Todos estos títulos están subidos de tono y son bastante ambiguos’. Recién había escuchado la versión de la canción de the Doors’ ‘Light My Fire,’ de José Feliciano, con esa parte que él tocó en guitarra, y yo dije: ‘¡Si tan sólo pudiera yo convertir esta parte en una canción, Bobby!’” Continúa Marín, “Chico comenzó a decir, ‘Undress My Mind’ (desviste mi mente), luego yo dije: ‘Thunder, Lightning’ (trueno, relámpago) y luego cada quien comenzó a intercalar una línea. La canción quedó lista en veinte minutos”.
No obstante, Ocho en el estudio nunca fue simplemente un octeto, ya que Marín sabía que cualquier esperanza de éxito necesitaba de algo extra. Ellos sólo ofrecían instrumentales”, declara Marín, “de modo que yo traje a los cantantes”. Willie Torres, Jimmy Sabater y Manny Román eran veteranos por derecho propio, habiendo grabado con individuos estelares como Joe Cuba, los hermanos Palmieri, y las Estrellas de Fania, que apenas empezaban a cobrar fama. “Todo empezó a salir bien una vez que entraron esos tipos”, dice Chico. “Nunca tuvimos que tocar una canción más de dos veces. Me acuerdo que Jimmy Sabater dijo: ‘Acuérdate, Chico, si te equivocas al grabar un disco ¡ese mismo error va a estar ahí dentro de treinta años!’” “Chico era algo natural en el estudio”, recuerda Marín. “Hacia todos los arreglos, tocaba todos los teclados, el vibráfono; lo único que yo hacía era tratar de que se oyera bonito”.
Con todo y lo bonito y arreglado, su debut no pudo catapultar a Ocho a la fama. Se hicieron otros tres álbumes, cada uno de ellos impulsado por el mismo motor híbrido de jazz, música latina y funk, y todos fueron recibidos respetuosamente aunque sin el peso necesario para lograr la popularidad masiva. Eventualmente, Mendoza aceptó un puesto de presentador en la estación de jazz WBGO y comenzó a enseñar música en la Universidad William Paterson de Nueva Jersey, donde sigue trabajando hasta el día de hoy. Mirando hacia atrás, dice: “Recuerdo que la gente me preguntaba, ‘¿Es posible crear música buena en Nueva Jersey?’ No pensaban que se pudiera vender el jazz latino. Había un público para esta música, pero ese público había que desarrollarlo. La gente realmente nunca bailaba cuando tocábamos; sólo escuchaba. Y aún cuando tratamos de ‘bajarla’ un poco [para] las disqueras y hacerla más sabrosa, todavía era diferente. ¿Me entiendes?”

Notas por Matt Rogers
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comprar | escuchar a todos | lista de deseo+
  • 1) comprar | escuchar | + Oríza
  • 2) comprar | escuchar | + Flautira
  • 3) comprar | escuchar | + Suena Tu Bongó
  • 4) comprar | escuchar | + Se Me Fue la Montuna
  • 5) comprar | escuchar | + Undress My Mind
  • 6) comprar | escuchar | + Ay Que Frio
  • 7) comprar | escuchar | + Que Pelota!
  • 8) comprar | escuchar | + Coco May May
Ocho

FANIA

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