La compañía Fania me ha pedido que comparta con ustedes algunas anécdotas y experiencias más sobresalientes que tuvieron lugar durante las sesiones de grabación de este disco extraordinario del gran Eddie Palmieri.
Como preámbulo les diré que Eddie Palmieri nació en New York, de ascendencia puertorriqueña y es considerado como una de las grandes figuras de la música latina contemporánea.
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La compañía Fania me ha pedido que comparta con ustedes algunas anécdotas y experiencias más sobresalientes que tuvieron lugar durante las sesiones de grabación de este disco extraordinario del gran Eddie Palmieri.
Como preámbulo les diré que Eddie Palmieri nació en New York, de ascendencia puertorriqueña y es considerado como una de las grandes figuras de la música latina contemporánea.
Trabajando yo en New York como productor de “Tico y Alegre”, la división latina de Roulette Records, tuve la oportunidad de compartir las sesiones de grabación de esta maravillosa producción discográfica con el título de Vámonos Pa’l Monte. En esa época y estamos hablando de los años 1970, ya Eddie Palmieri estaba considerado como un primerísimo autor, pianista, arreglista y director, un músico genial, adelantado musicalmente diez años de su época.
Lo que más me impactaba de sus arreglos musicales, era cuando Eddie combinaba la melodía original con una armonía caprichosa, llena de acordes disonantes, los cuales no eran entendidos por la mayoría del público; pero a todos les encantaba como sonaba.
Corría el año 1970 cuando la empresa Tico me asigna la tarea de producir un nuevo álbum de este gran músico y a principios del mes de septiembre empezamos a planificar la grabación del disco. Tuvimos varias reuniones con Eddie y al fin acordamos tener la primera sesión de grabación el 24 de septiembre de ese mismo año.
A continuación les brindo algunas de aquellas experiencias ocurridas durante las grabaciones y que los americanos llamarían “true stories”.
Como dato interesante les diré que cuando Eddie llegaba al estudio de grabación y no tenía los arreglos musicales de las canciones a grabar, les decía a sus músicos: “Hey, síganme”, entonces marcaba un, dos, tres, cuatro y empezaba a tocar una melodía rítmica en el piano. Poco a poco, los músicos, de primera calidad todos, se iban sumando con sus respectivos instrumentos a ese espíritu contagioso de Eddie y pronto se escuchaba una orquesta bien acoplada, la cual iba interpretando el sentir de lo que Eddie proyectaba y al mismo tiempo esperaba de todos ellos.
Otra anécdota interesante fue cuando estando yo esperando por Eddie en el estudio de grabación, se apareció una compañía que alquilaba instrumentos musicales y empezó a descargar cuatro pianos que Eddie había ordenado. Resultó que Eddie había ordenado cuatro para poder probar cada uno de ellos y ver cuál sonaba mejor. Ya se pueden imaginar el disgusto del contador de la empresa cuando llegó la factura. Pero bueno, así era Eddie y como vendía muchos discos, había que perdonarle esas travesuras.
Eddie siempre grababa varias tomas de la misma canción y cuando no le gustaba como quedaban, las grababa varias veces. Entonces, después de un descanso volvíamos al estudio y escuchábamos todas las tomas que habíamos grabado. Al final, Eddie aprobaba la primera toma.
En una oportunidad y esperando todos como siempre por Eddie, éste me llama para decirme que no podía salir del hotel en donde había pasado la noche porque una muchacha se había cortado las venas y la policía estaba interrogando a todos los huéspedes. De más está decirles que tuvimos que posponer la grabación para el día siguiente.
Cada vez que terminábamos de grabar una canción, Eddie se paraba al lado de una bocina gigante, muy potente que se encontraba dentro del estudio y me decía que subiera bien el volumen para escuchar mejor el sonido. Les aseguro que el ruido era ensordecedor.
Hace más de 30 años que grabamos este disco y siempre recordaré a Eddie como una persona muy nerviosa, de hablar muy rápido, pero con un gran corazón. Lo cierto es que nunca olvidaré esas grabaciones en el estudio “A” de A&R Recording Studios, lo mismo que al talentoso ingeniero, mi buen amigo Fred Weinberg.
Escrito por Miguel Estivill
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