
Notas de Portada por Robbie Busch
Machito era el corazón del jazz afrocubano. Como uno de los integrantes del legendario grupo Mambo Kings de Nueva York, Machito tenía la música de su tierra corriendo por sus venas, y los clubs nocturnos y conciertos se enardecían con su ritmo. Desde el Palladium hasta el concierto histórico de 1947 en el Town Hall de Manhattan, Machito y Sus Afrocubanos llevaron a las audiencias a donde podían mover sus pies como Pedro el cubano a la vez que disfrutaban del ritmo caliente de bop jazz. Machito demostró una y otra vez que el arte del entretenimiento no separa el arte del entretenimiento.
“Mi infancia estuvo llena de música típica cubana”, relata Machito en el documental de Carlo Ortiz, Machito: A Latin Jazz Legacy. “Mi papá tenía un negocio de entrega de alimentos a las centrales de azúcar en la Habana y Pinar del Río…Nosotros solíamos hacer las entregas por camión. Los compañeros de mi papá solían cantar y yo los escuchaba. Yo era joven, tenía quizás catorce o quince años, y todavía iba a la escuela. Mi padre quería que yo fuera bodeguero. Bueno, así fue como comenzó mi vida musical. Crecí en un barrio donde la mayoría eran negros. Yo estaba rodeado por la música [en] sitios como Jesús María, Los Barracones, Cayo Hueso, y Belén. Todos los rumberos se iban a las centrales de azúcar a tocar rumba. Les decían Los Invasores porque invadían las centrales. Como yo tenía la tienda, me decían ‘Macho, vamos a tocar esta noche y necesitamos arroz, habichuelas, carne, salchichas y aceite’. Y yo les decía ‘Claro, pero me tienen que invitar’. Y se la pasaban de fiesta toda la noche hasta la madrugada”.
Machito, cuyo verdadero nombre es Francisco Raúl Gutiérrez Grillo, nació en La Habana, Cuba, el 3 de diciembre de 1908, según su hijo Mario. “Machito tenía como veinte fechas de nacimiento”, dice Mario. “Esta es la fecha que celebrábamos con él en familia”. Cuando Machito era pequeño, solía colarse en las prácticas de la banda Los Líderes de Redención para ver a Champito, el gran maraquero cubano. “¡Qué control!” decía Machito. La experta ejecución del maestro con las maracas lo dejaba en una especie de trance. “Era fantástico. Hasta los músicos lo decían. Yo me dije a mi mismo ‘Okay, yo voy a aprender a hacer esto’. Me encerré en mi cuarto…Mi madre creyó que yo estaba loco”.
A la larga se convirtió en un maestro técnico de las maracas y un consumado experto en las artes del tiempo. Mario Grillo, alias Machito Jr., percusionista y más adelante director musical de la Orquesta de Machito, recuerda, “Lo que había que hacer como músico de ritmo en específico era ver a Machito y escuchar sus maracas. Si podías hacerlo, entonces llevabas el tiempo perfectamente. Nunca lo pensabas dos veces porque este hombre era un metrónomo humano. Era un gran líder. El mejor director de orquesta con quien jamás he trabajado, y he trabajado para muchos”.
Mario Bauzá, un buen amigo de Machito, hizo la movida a Nueva York en 1930 para casarse con la hermana de Machito, Estela. Bauzá tocaba en aquel entonces con la Orquesta de Chick Webb. El atractivo de la ciudad probó ser irresistible, y en 1937 Machito también dio el brinco y se mudó. “El salto de La Habana a Nueva York fue fantástico”, recordó Machito. “Mi hermana se encontró conmigo en el puerto. Había mucha alegría cuando llegamos a Harlem. Era una época de esplendor. Todos estaban tratando de mejorar”. Añadió, “Como mi cuñado ya conocía a Chick Webb, se me hizo muy fácil involucrarme con música de alto calibre. Solíamos ir al Savoy todas las noches. La banda de Chick Webb ya era muy reconocida”.
Machito comenzó a cantar con las bandas latinas de Noro Morales y Augusto Coen. Pero él deseaba hacer algo de mayor impacto, así que se juntó con Bauzá y creó la banda Los Afrocubanos en 1939. Su primer intento no duró mucho debido a dificultades técnicas en La Conga, el club nocturno donde estaban tocando. El grupo se disolvió y Mario se fue a trabajar como director musical de Cab Calloway. Fue durante ese tiempo que Mario comenzó su amistad con el trompetista Dizzy Gillespie, una relación que daría apertura a eventos memorables en el mundo de la música. En 1946 Dizzy escribió y grabó Manteca, la pieza maestra de jazz latino, luego de que Bauzá lo presentara al percusionista cubano Chano Pozo.
Mientras tanto, a Machito se le había adentrado la idea de tener una banda de cubanos tocando música latina auténtica. Después de grabar con la popular pero estéril banda de Xavier Cugat en 1940, creó una nueva banda de afrocubanos. Un año después convenció a Bauzá a que fuera el director musical. El ingenio de Mario tomó vuelo libre y comenzó a brillar en el área musical. Al mismo tiempo, la reputación de Machito como director de orquesta capaz de llenar la pista de baile seguía creciendo.
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