
Empapada de dolor y melancolía, esta grabación de
Héctor Lavoe en vivo durante la última fase de su carrera es un documento imprescindible para los estudiosos de la salsa.
Los que todavía no están familiarizados con la magia del Cantante de los Cantantes deberían remitirse primero a discos como La Voz (1975), De Ti Depende (1976) y Comedia (1978) para entender por qué Lavoe sea probablemente el cantante más trascendental dentro del género salsero. El swing de su fraseo, la textura de su voz, un sentido del humor irresistible y la manera inesperada en que negociaba sílabas y palabras dentro de una canción son algunos de sus rasgos más llamativos.
El 26 de junio de 1988, Lavoe se peleó con su esposa, Puchi, y luego se arrojó desde el noveno piso de un hotel en Puerto Rico. Milagrosamente, aterrizó sobre la superficie relativamente flexible de una unidad de aire acondicionado, y sobrevivió la caída. Sufrió múltiples fracturas, y su cuerpo - castigado ya por los síntomas del SIDA, su adicción a la heroína y una seria depresión - no se recuperaría jamás. Aún así, la codicia de los empresarios y la desesperación del mismo Lavoe conspiraron para lograr su regreso a los escenarios.
Algunos meses después de su suicidio fallido, Héctor apareció en una silla de ruedas sobre la tarima de un club nocturno para interpretar las canciones que aparecen en esta grabación. Algunos de los presentes esa noche recuerdan el cuadro barroco de un Lavoe venido a menos, intentando seguir los compases de la orquesta, cantando desde su silla de ruedas, saludado con gritos de amor y los sollozos de su fanaticada.
Entre canción y canción, Lavoe habla con sinceridad sobre su estadía en el hospital - expresando su humor callejero y una cosmovisión fatalista. Se esfuerza por completar una versión quejumbrosa de
"Periódico De Ayer", pero después suena sorprendentemente animado durante "Rompe Saraguey" - inspirado, tal vez, por el impecable ritmo de su orquesta, dirigida por Ray Martínez, la energía de sus coristas, y la participación del conguero cubano Patato como invitado especial.
El momento más feliz del disco es una extensa versión de "Mi Gente". Pese a que este tema - de la autoría de Johnny Pacheco - es una de las composiciones más previsibles dentro del cancionero de Héctor, el cantante le agrega una impresionante espontaneidad. Pese a las limitaciones técnicas de la grabación, ésta debe ser la mejor versión de "Mi Gente" en existencia.
Lavoe falleció en 1993. Cuando este supuesto "retorno" a los escenarios fue grabado, ya estaba al tanto de que sus privilegiadas cuerdas vocales no volverían a recuperar la potencia del pasado. Los recuentos de sus últimos días subrayan la desesperación que experimentó - destruido por la trágica muerte de su hijo, y amargado por su imposibilidad de seguir brillando en el firmamento de la salsa.
Sin embargo, si hay un sentimiento que define esta grabación, es el entusiasmo palpable ante la posibilidad de compartir un rato con sus admiradores. La música fue siempre el centro de la vida de Héctor Lavoe. Afortunadamente, la belleza sublime de su discografía logró trascender hasta los momentos más dolorosos de su corta vida.
ERNESTO LECHNER--
LESS >