Joe Cuba Joe Cuba - Greatest Hits
El Sexteto de Joe Cuba grabó innumerables éxitos a través de las décadas, cada uno representando el alma de Spanish Harlem y capturando los sonidos de la primera generación de puertorriqueños neoyorquinos. Con sus instintos bravos, Joe y su banda—la cual consistía originalmente de Jimmy Sabater en los timbales y vocalización, Tommy Berrios en el vibráfono, Nick Jiménez en el piano, Roy Rosa en el bajo (reemplazado poco después por Jules Cordero), y el vocalista Willie Torres—reinventaron el sonido Latino una y otra vez. No cabe duda de que la salsa le debe su vaivén y su swing a Joe Cuba. ...MÁS >
El Sexteto de Joe Cuba grabó innumerables éxitos a través de las décadas, cada uno representando el alma de Spanish Harlem y capturando los sonidos de la primera generación de puertorriqueños neoyorquinos. Con sus instintos bravos, Joe y su banda—la cual consistía originalmente de Jimmy Sabater en los timbales y vocalización, Tommy Berrios en el vibráfono, Nick Jiménez en el piano, Roy Rosa en el bajo (reemplazado poco después por Jules Cordero), y el vocalista Willie Torres—reinventaron el sonido Latino una y otra vez. No cabe duda de que la salsa le debe su vaivén y su swing a Joe Cuba. El orgullo que Joe sentía por su barrio contaminó su forma de tocar, convirtió su sonido en algo contagioso, y dio a nacer un movimiento que reflejaba el alma vibrante de Spanish Harlem.
La niñez particular de Joe le proporcionó una perspectiva intercultural que más tarde impregnaría su música. Hijo de padres puertorriqueños que luchaban por sobrevivir la Gran Depresión, el joven Gilberto Navarro (más adelante Calderón) y su hermano crecieron en el hogar de acogida de una familia blanca de habla inglesa en Staten Island. Al cabo de cinco años, Joe y su hermano fueron reunidos con su madre Gloria en Spanish Harlem, donde por primera vez escuchó el idioma español. El descubrir nuevamente su idioma y sus raíces a tan temprana edad causó que Joe adquiriese una gran apreciación por su herencia. Mientras Joe se bajaba del tren en la calle 116 y la avenida Lexington, las maravillas de Spanish Harlem se vislumbraban frente a sus ojos. “Era algo hermoso. Tiendas de discos alineaban la calle 116, y se oía música en cada una de ellas”, recordó Joe sobre su primera experiencia en su nuevo hogar. “Era una verdadera comunidad. Las puertas siempre estaban abiertas, todos nos visitábamos, y siempre estaba listo un buen plato de arroz y habichuelas”. Fueron estas memorias, los recuerdos de su barrio, que Joe incorporó a su música.
Siendo nuevo en el barrio, Joe se dio a respetar deslizándose en bases improvisadas mientras jugaba béisbol callejero en el cemento de la calle 116—huían de la policía en los enormes callejones de Spanish Harlem cuando se interrumpían los juegos; en la noche se sentaban en los escalones de los apartamentos y piropeaban a las muchachas del área. Comenzó su carrera musical al terminar su carrera como jugador: “Me rompí la pierna deslizándome en segunda base, y tuve puesto un yeso por un tiempo. Así que un amigo me prestó su conga y yo practicaba siguiendo los discos de Machito”. A igual que muchos músicos latinos aspirantes de esa época en los Estados Unidos, Joe encontró su inspiración en Machito, leyenda cubana del jazz latino, pero también le ayudó el criarse al lado de futuros talentos del género. “En mi cuadra había un montón de músicos”, dijo. “Santo Miranda, Negrito Pantoja y Sabú Martínez, esos tipos pasaban el rato conmigo en la cuadra, y me motivaban”. Cuando Sabú Martínez consiguió trabajo en Hollywood, Joe lo reemplazó y se convirtió en el conguero de La Alfarona X, el primer conjunto de trompetas puertorriqueño de Nueva York. El puesto no duró mucho tiempo (Sabú regresó eventualmente a reclamar su lugar en la banda), pero Joe pudo saborear lo que era ser músico: “Si tú eras un tipo regular, las muchachas simplemente te pasaban por el lado, pero si tocabas un instrumento y cantabas en un coro, ¡paraban! Y entonces sí podías conversar con ellas”.
Desde el principio la banda de Joe se destacó, utilizando vibráfonos en sus arreglos de manera poco convencional. En “Soy Pilongo”, una de las primeras grabaciones de Joe, se escucha el vibráfono típico de la banda—suavemente en el montuno, contrastando los instrumentos de viento y acentuando el ritmo de los aplausos—presagiando el naciente sonido boogaloo de la banda. Joe dejaría eventualmente los vientos por completo a favor del vibráfono, otra decisión inesperada pero práctica. “Si había trompetas, la policía nos botaba, así es que usé el vibráfono para evitar que vinieran—y problema resuelto”. Con un grupo menos ruidoso y más pequeño, Joe y su banda tallaron un nicho para sí mismos tocando junto a Machito, Tito Puente, y Tito Rodríguez en clubes latinos populares como el Palladium, y se ganaron rápidamente un lugar en el circuito de las Catskills.
La banda ganó impulso luego de que el sonero José “Cheo” Feliciano reemplazara a Willie Torres en 1958. La manera suave y sutil de Cheo al cantar en español complementaba el estilo crooner en inglés de Sabater, lo cual gustaba tanto a las audiencias de habla hispana como las de habla inglesa. “Cheo tenía un acento bien fuerte; fue entonces cuando me pusieron a cantar en inglés”, recuerda Jimmy. Cheo cantaba un bolero en español, y yo cantaba uno en inglés”. Fue esta combinación la que causó que Steppin’ Out, el debut del sexteto con Seeco Records, fuera un éxito en los mercados de ambos idiomas. Con temas como “A las Seis” y “To Be With You”, Steppin’ Out demostró la versatilidad bilingüe de la banda y el doble matiz del alma nuyorican.
La banda perfeccionó su armonía bilingüe con “Bang! Bang!”, el rotundo éxito que inspiró el soul latino y el boogaloo, alcanzando a la creciente comunidad bilingüe puertorriqueña de Nueva York. Áspera y levemente fuera de ritmo, “Bang! Bang!” era una vuelta por Harlem hecha música. Un montuno a medio tiempo impulsa la canción mientras un grupo de niños canta “bip bip” al ritmo del coro sin sentido de “corn bread, hog maw, and chitterlings”. Cheo interrumpe ocasionalmente con “lechón” y “cuchifrito”, añadiendo a esta mezcla su comida típica puertorriqueña favorita. El amor por el hogar y la actitud que trajo a su música el Sexteto de Joe Cuba inspiraron el mismo orgullo, amor y actitud en los músicos más jóvenes.
El sonido infeccioso de Joe fue el catalizador para el boogaloo. “Mi grupo puso ese sentimiento dentro de la música”, dijo Joe. “Fuimos los primeros en hacerlo así”. Pero este nuyorican soul llegó más allá que el boogaloo. La infusión de los panoramas y los sonidos de Spanish Harlem dentro de la música es lo que hizo a la salsa claramente producto de Nueva York, y diferente a los otros tipos de música latina que surgieron antes. Mientras los músicos de mayor edad como Tito Puente se resistían, Joe se acogió a los aspectos de la música R&B que permeaban la música latina del momento. “Siempre mezclé un poco de todo en mis discos: algo en inglés, algo un poquito sentimental, algo un poquito funky. Pero nunca abandoné a mi salsa”. “Mi Salsa Buena”, de El Pirata del Caribe, su último álbum con Tico de 1979, es testimonio de la lealtad de Joe. Es un tributo, elaborado lentamente, a las raíces puertorriqueñas de la salsa, que explota a medio camino para convertirse en todo un monstruo digno de los salones de baile de Nueva York.
A pesar de su orgullo, Joe nunca tomó todo el crédito por la creación de la salsa. Reconoció todo el trabajo que se llevó a cabo antes que el de él, y los aportes de sus compañeros. “En los años 50 nuestra música estalló, especialmente cuando Rodríguez, Puente y Machito comenzaron a abrir puertas en el downtown en el Palladium, y entonces llegué yo con mi sonido, y Eddie [Palmieri] llegó con su trombón, y Pacheco fundó a Fania. Estábamos construyendo”.
Más que por su innovación a la música latina de Nueva York, Joe será recordado siempre por el amor que le trajo a su música. Para él, la fama era tema secundario; representar a su barrio y el placer de tocar eran suficiente. “Lo mejor de todo era que, en aquel entonces, el ambiente era bien agradable”, dijo Joe. “Tocábamos porque amábamos la música, y porque tocar nos hacía felices.” Esta felicidad la comparte Joe hasta el día de hoy. Durante un bello día de verano, si usted se baja del tren 6 en la calle 116 y Lexington en Spanish Harlem, seguramente escuchará la música de Joe saliendo a todo volumen de alguna de las tiendas de discos de su juventud.

Notas de portada: Kristofer Ríos
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  • 1) comprar | escuchar | + El Pito (I'll Never Go Back To Georgia)
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  • 17) comprar | escuchar | + Soy Pilongo
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  • 20) comprar | escuchar | + Mi Salsa Buena
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  • 22) comprar | escuchar | + Pataquibiriquambambaram

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