Hector Lavoe Hector Lavoe - La Voz
Era un chamaquito de siete años cuando se ausentaba de sus clases de trombón de vara en la Escuela Libre de Música Juan Morel Campos para escaparse al Río Portugués donde se bañaba desnudo con sus amigos de la humilde barriada Machuelitos de su Ponce natal.

En plena posguerra y lejos aún de una trancisión hacia la modernización, la Ciudad Señorial –como otros pueblos del país- no ofrecía muchas garantías de progreso para sus niños y jóvenes. La economía era fundamentalmente agraria y, aparte de escasas oportunidades de trabajo en el cultivo de la caña de azúcar, el desempleo obligó a muchos ponceños a enlistarse en el ejército de Estados Unidos.
...MÁS >
Era un chamaquito de siete años cuando se ausentaba de sus clases de trombón de vara en la Escuela Libre de Música Juan Morel Campos para escaparse al Río Portugués donde se bañaba desnudo con sus amigos de la humilde barriada Machuelitos de su Ponce natal.

En plena posguerra y lejos aún de una trancisión hacia la modernización, la Ciudad Señorial –como otros pueblos del país- no ofrecía muchas garantías de progreso para sus niños y jóvenes. La economía era fundamentalmente agraria y, aparte de escasas oportunidades de trabajo en el cultivo de la caña de azúcar, el desempleo obligó a muchos ponceños a enlistarse en el ejército de Estados Unidos.

Héctor Juan Pérez Martínez, nacido el 30 de septiembre de 1946, nunca consideró la idea de una carrera militar. Huérfano de madre a temprana edad, fue su padre, el comerciante y músico aficionado Luis Pérez, la persona que despertó su sensibilidad hacia la música popular. Don Luis, guitarrista muy solicitado en las celebraciones de las fiestas de cruz, los rosarios, las promesas y otros ritos de la religiosidad popular, deseaba que su hijo recibiera educación formal en música y se convirtiera en un gran trombonista.

Pero desde muy pequeño el hijo de Panchita Martínez y Luis Pérez soñó con ser cantante. Y no era para menos porque en sus incansables travesuras por los cañaverales e ingenios azucareros de los barrios Machuelo, Tenerías, Magueyes y Sabanetas siempre anduvo a flor de labios con un bolero de Vicentico Valdés o un aguinaldo de Ramito.

En el Ponce de la posguerra las serenatas constituían una de las estampas más genuinas de la vida en el campo y la ciudad. Héctor estuvo expuesto a veladas musicales en los barrios ponceños y las letras de los boleros que entonaba, como “Plazos traicioneros” de Luis Demetrio o “Tus ojos” de Pepe Delgado, se las aprendió depositando centavos en las velloneras de los cafetines.

Héctor Juan era un trovador innato y un tipo muy elocuente, con una labia y un poder de persuasión hipnotizador que rendía a las chicas a sus pies. Era, como su padre Luis, un enamorado de la belleza femenina. Su exposición al cine mexicano, argentino y español de la época; a las películas de Joselito, Sara García, Miguel Aceves Mejía, Carlos Gardel, Hugo del Carril y Lola Flores, enriquecieron su bagaje musical.

Desde el principio la estrella de Héctor Juan brilló con luz propia; su carisma, talento, ángel y tabla eran excepcionales e indiscutibles. Héctor no se parecía a nadie. Su estilo era ‘sui generis’, único en su clase. Era una voz dulce, de un registro agudo acariciante, que se debía escuchar porque no admitía comparación. Cristalina, afinada, pausada, con una dicción impecable y un fraseo expresivo, así cantaba Héctor.

Destinado a una carrera como cantante de música popular, en su adolescencia empezó a frecuentar clubes como el Segovia, donde cantó acompañado de sus amigos de infancia Roberto García y José Febles.

Una tarde, rondando los 16 años, le dijo a don Luis que se marchaba a Nueva York a vivir con su hermana mayor Priscilla para probar suerte en la música pues la ciudad era la meca del mambo y el mercado que catapultó a Machito, Tito Puente, Tito Rodríguez y otras legendarias figuras.
Su padre se opuso tenazmente. Discutieron, se ofendieron con palabras fuertes y, con su peculiar violencia y ligereza, don Luis le pegó fuertemente en la cara, increpándole que si se marchaba se olvidara de que tenía familia en Ponce. Don Luis nunca se lo supo explicar: temía que Héctor Juan corriera la misma suerte de su hermano Luis Angel, quien murió de una sobredosis de drogas, aunque Priscilla nos reiteró que falleció en un accidente de tránsito.

Como anhelaba cantar, Héctor se marchó a la Babel de Hierro el 3 de mayo de 1963, emancipado en contra de la voluntad de don Luis. Al apartamento 1117 de la Avenida Bryan en el Bronx arribó un esquelético jovencito de 17 años, vestido con camisa de manga larga y pantalones ‘brinca charcos’, de 5 pies y 8 pulgadas de estatura y sólo 102 libras de peso.

Pintor, maletero, mensajero y conserje fueron algunos de los oficios con los que intentó ganarse la vida hasta el día en que se reencontró con su amigo Roberto García y comenzó a frecuentar los clubes de música latina y los salones de baile del Bronx, del Barrio Latino y el bajo Manhattan.

Se conectó con Rusell Cohen, director de la New Yorker, la banda con la cual en 1965 realizó su primera grabación: el sencillo de 45 rpm “Está de bala”. Trabajó con Francisco Bastar ‘Kako’ hasta que conoció a su padrino artístico Johnny Pacheco, quien inmediatamente identificó su talento y poco después se lo presentó a Willie Colón para que grabaran el disco “El malo” para Fania Records.

Héctor aceptó con la condición de continuar su derrotero, pero lo cierto es que a partir de 1967, en que Fania editó “El malo”, Héctor Juan estuvo alrededor de siete años asociado directamente a Colón.
El éxito sobrevino con la fuerza de un tsunami. Y con el éxito, los aplausos de París, Panamá, Colombia y otros países. Las ventas de sus discos fueron multimillonarias y con la fama llegaron el amor y el interés, la experimentación con marihuana, heroína y cocaína, la iniciación en la santería, las intrigas, las traiciones e hipocresías, las sobredosis de drogas, las tragedias familiares, los intentos de suicidio y la explotación de la industria, hasta que el 29 de junio de 1993, lejos de su patria y flagelado por el Sida, la muerte se fue de farra con Héctor Juan Pérez Martínez.

Su legado musical

Por Jaime Torres Torres

El propio Willie Colón ha admitido en varias entrevistas que gracias a Héctor Lavoe, nombrado así por el promotor Arturo Franklyn, aprendió a comprender mejor el lenguaje español y a valorar la riqueza cultural de la música puertorriqueña.

Las huellas del popular binomio son imborrables y el anuncio de su separación en 1973 estremeció la industria. Tras la triste noticia, sin embargo, pocos años después muchos se consolaron al descubrir que Willie continuaba a su lado como productor y socio de algunos conciertos y presentaciones especiales.

En su música; particularmente en las frases disonantes del trombón de Willie, en sus atrevidos arreglos polirrítmicos y en las punzantes e irreverentes interpretaciones callejeras de Lavoe, latía el grito de los suburbios, de los callejones acumulados de basura en el Bronx y los sueños de un mejor porvenir entrañados por los boricuas y demás hermanos caribeños de la diaspora de la posguerra.

La dupleta Lavoe/Colón; respaldada por un sonido agresivo, violento y revolucionario como el estilo de vida hippie y los discursos en oposición al genocidio de Vietnam, le obsequió al pueblo latino álbumes como “El malo”, “The Hustle”, “Guisando”, “Cosa nuestra”, “La gran fuga”, “Asalto navideño”, “El juicio”, “Lo mato”, “Asalto navideño Vol. II” y “Vigilante”.

En 1967 el boogaloo, el shing-aling y el jala jala aún estaban en su apogeo y la combinación Lavoe-Colón se adaptó fácilmente a las exigencias de la industria, respondiendo con cortes como “Willie Baby”, “Willie Whopper” y “Skinny Papa”, a dúo con Willie. Pero fueron la bomba con son “El malo”, el guaguancó “Borinquen” y el boogaloo con son montuno “Chonquí” los temas que anticiparon que el derrotero del binomio sería muy prometedor y productivo.

La explosión se produjo en 1969 con el lanzamiento de “Cosa nuestra”, álbum cuya punta de lanza fue el híbrido afrocaribeño “Che che colé”, un arreglo que enlazó ritmos como la bomba y el oriza, demostrando Willie que podía crear con ingenio en la salsa al margen de la fuerte influencia del mambo, del son matancero y la rumba cubana de aquellos días.

La experimentación e innovación continuó con “La gran fuga”, “Asalto navideño” y “Lo mato”, elepés que los colocó al mismo nivel de rentabilidad y cotización de nombres establecidos como Tito Puente, Joe Cuba y Eddie Palmieri.

Cuando el binomio se desintegró la leyenda de Héctor Lavoe era un fenómeno. Había que contar con él, con o sin Willie Colón. Y desde el lanzamiento de “La voz”, con el sencillo “El Todopoderoso” y su arreglo con compases de la música de los monjes gregorianos, su paso fue ascendente.
Con “De ti depende”, apenas su segundo disco como solista y considerado hoy por hoy el mejor de su discografía, Lavoe se consagró como el solista más aclamado de la salsa, gracias al éxito de “Periódico de ayer”, “Vamos a reír un poco” y “Hacha y machete”.

Recuperado de su primera sobredosis, en 1978 regresó con “Comedia” y el megahit “El cantante” que Rubén Blades, como un buen sastre, compuso a su medida. A partir de ese momento Héctor Lavoe fue conocido como El Cantante de los Cantantes; es decir, el intérprete favorito de sus compañeros en las Estrellas de Fania.
Entre altas y bajas, atribuidas más a su falta de carácter, a su adicción a las drogas, a sus complejos y un tipo de esquizofrenia que intentó paliar con su devoción a los santos, la carrera de El Cantante siguió su curso, brillando ocasionalmente con el lanzamiento de álbumes como “Reventó” y “Strikes Back”, considerados entre lo mejor de su discografía.

El mito de Héctor Lavoe

Por Jaime Torres Torres

No hay duda de que en el sexagésimo aniversario de su natalicio y a trece años de su partida, Héctor Lavoe le sigue cantando al pueblo latino desde la otra vida, como lo prometió en el aguinaldo “Canto a Borinquen”.
La leyenda ya es un mito. Un fenómeno popular comparable sólo con Carlos Gardel, Edith Piaf, Pedro Infante y John Lennon.

Ningún salsero ha calado tan profundo en el corazón del mundo. Y el mito crece y se inmortaliza cada día más porque su música era una expresión espiritual, muy de adentro, demasiado sincera y reflejo de su vida; de sus deleites y sinsabores.

Así se explica la trascendencia del artista ponceño Héctor Juan Pérez Martínez, un tipo empático y simpático, un camarada de barrio, sencillo y humilde, posiblemente como los lectores de estas líneas.
El Cantante, sin temor a equivocarnos, es el intérprete más completo y polifacético de la música afroantillana. Cantó de todo y con excelencia: desde boleros, boogaloos, guajiras y sones, hasta baladas, tangos, aguinaldos, seises, plenas, bombas, rancheras y merengues.

Así lo podrá apreciar en la colección “Héctor Lavoe: A Man & His Music”, la que se nutre de lo más representativo de su discografía con Willie Colón, con las Estrellas de Fania y como solista, con énfasis en los discos “Cosa nuestra”, “El juicio”, “De ti depende” y “El sabio”.

El lado humano del artista que sufre se revela en “El cantante”, “La fama” y “Loco”. Su perfil espiritual se descubre en “El Todopoderoso”, “Aguanile” y “Para Ochún”. El sentimiento del tipo despechado late en “Periódico de ayer”, “Aléjate”, “Juana Peña” y “Piraña”. Su alma festiva y alegre se libera en “Che che colé”, “La murga”, “Mi gente” y “Vamos a reír un poco”. Su sentimiento e identidad nacional resuena en “Isla del Encanto”. Y su visión fatalista de la vida, entre otras temáticas de la narrativa salsera, vibra en “No me llores” y “Todo tiene su final”.
Héctor Lavoe es el eco del sentimiento de la calle y es portavoz de la ilusión de los barrios populares. Sus pregones son una radiografía de la vida. Así siempre lo entendió Willie Colón, quien en la mañana de su muerte, el 29 de junio de 1993, desde España elocuentemente describió a su amigo y compañero como el “Héroe de la gente pobre y el mártir de la salsa”, monstruo que ayudó a crear.

Discografía

El malo (1967)
The Hustle (1968)
Guisando (1969)
Cosa nuestra (1969)
La gran fuga (1970)
Asalto navideño (1971)
El juicio (1972)
Lo mato (1973)
Asalto navideño Vol. II (1973)
La voz (1975)
The Good, The Bad & The Ugly (1975)
De ti depende (1976)
Comedia (1978)
Recordando a Felipe Pirela (1979)
Feliz Navidad (1979)
El sabio (1980)
Que sentimiento (1981)
Vigilante (1983)
Reventó (1985)
Strikes Back (1987)
The Master & The Protégé (1993)
Live (1997)
LESS >
comprar | escuchar a todos | lista de deseo+
Disc 1
  • 1) comprar | escuchar | + Aguanile
  • 2) comprar | escuchar | + La Banda
  • 3) comprar | escuchar | + Ah-Ah/O-No
  • 4) comprar | escuchar | + Te Conozco
  • 5) comprar | escuchar | + Abuelita
  • 6) comprar | escuchar | + Que Bien Te Ves
  • 7) comprar | escuchar | + Barrunto
  • 8) comprar | escuchar | + Pirana
  • 9) comprar | escuchar | + La Murga
  • 10) comprar | escuchar | + Juana Pena
  • 11) comprar | escuchar | + Che Che Cole
  • 12) comprar | escuchar | + Triste Y Vacia
  • 13) comprar | escuchar | + Timbalero
  • 14) comprar | escuchar | + Mi Gente
  • 15) comprar | escuchar | + Todo Tiene Su Final
Disc 2
  • 16) comprar | escuchar | + El Todopoderoso
  • 17) comprar | escuchar | + Periodico De Ayer
  • 18) comprar | escuchar | + Isla Del Encanto
  • 19) comprar | escuchar | + El Cantante
  • 20) comprar | escuchar | + El Sabio
  • 21) comprar | escuchar | + Hacha Y Machete
  • 22) comprar | escuchar | + Vamos A Reir Un Poco
  • 23) comprar | escuchar | + El Rey De La Puntualidad
  • 24) comprar | escuchar | + Ublabadu
  • 25) comprar | escuchar | + Alejate
  • 26) comprar | escuchar | + La Fama
  • 27) comprar | escuchar | + Mi Gente

MÁS MUSICA DE ÉSTE ARTISTA