Hoy, Willie Colón es una de las súper estrellas de la salsa, una leyenda viviente, cuya carrera abarca casi 40 años. Sus álbumes innovadores de los setenta, con el vocalista Héctor Lavoe y Rubén Blades, aún permanecen como algunas de las grandes grabaciones de salsa de todos los tiempos. No sólo fueron innovadores en lo musical, incorporando otros estilos musicales latinos, que no son, a menudo, presentados en la salsa (samba, bomba, plena), sino que también en los elementos no latinos, como el funk y el disco. ...MÁS >

Hoy, Willie Colón es una de las súper estrellas de la salsa, una leyenda viviente, cuya carrera abarca casi 40 años. Sus álbumes innovadores de los setenta, con el vocalista Héctor Lavoe y Rubén Blades, aún permanecen como algunas de las grandes grabaciones de salsa de todos los tiempos. No sólo fueron innovadores en lo musical, incorporando otros estilos musicales latinos, que no son, a menudo, presentados en la salsa (samba, bomba, plena), sino que también en los elementos no latinos, como el funk y el disco. Sus letras, conscientes en lo social, en que se describen las penurias de la vida en el barrio para los latinos comunes, ya sea en Nueva York, San Juan o Caracas, hicieron de Colón y sus cantantes "los músicos del pueblo".
Pero de vuelta a 1967, un Willie Colón muy distinto, estaba a punto embarcarse en el largo viaje musical que finalmente lo llevaría a la cima de su juego. Con solo 17 años, Colón había estado tocando trombón durante un par de años, después de comenzar con la trompeta. Nacido en Nueva York en 1950, creció como muchos de sus contemporáneos, escuchando igualmente la música latina de la tierra natal de sus padres y los ritmos negros del rhythm and blues, jazz y doo-wop de su ciudad natal. Para varios de los puertorriqueños de la segunda generación de ese tiempo, no había contradicción en esto. ¿Por qué no podía descubrir a Tito Puente, del mismo modo que a Frankie Lymon, Otis Redding y Herbie Hancock? Era tan normal como hablar español e inglés en la misma medida, o comer arroz con pollo un día y hamburguesas al día siguiente. Ellos mantuvieron las raíces culturales de sus padres, pero fueron absorbidos por la sociedad americana en la que crecieron.
“El Malo” muestra esta diversidad cultural perfectamente. El álbum reunió al guaguancó, el son montuno y el mozambique cubanos, la bomba puertorriqueña y el furor de moda, en ese tiempo, el boogaloo y el shing-a-ling. El último, en particular, se estaba volviendo altamente popular entre la juventud latina, pero también se estaba introduciendo en las comunidades negra y blanca. Con un ritmo pesado de fondo de rock/soul se une a un ritmo de mambo más lento y letras en español e inglés, el boogaloo estaba amenazando con tomar el mando.
Muchos de los músicos jóvenes y orquestas que surgieron en la escena del boogaloo fueron descartados, al principio, por lo líderes de orquesta como Tito Puente y Charlie Palmieri. Se decía que no podían tocar y que quebraban las reglas de oro –tocaban “fuera de clave” o mezclaban ritmos como la bomba y el guaguancó ¡juntos! Sin embargo, muy rápido, Willie y varios de los músicos más jóvenes, no sólo probaron ser buenos en términos musicales, sino que también en la venta de álbumes y esos mismos líderes de orquestas ya establecidos dieron pie atrás, empleando a la nueva generación y también adoptando el sonido del boogaloo en sus grupos.
A pesar de ser muy joven, Willie Colón tenía todos los ingredientes exactos para hacer especial su álbum debut. Una joven y energética orquesta, que incluía al futuro timbalero de Fania Allstars, Nicky Marrero y al bajista Eddie "Gua Gua" Rivera. Escribió grandiosos arreglos y temas, juzgando, perfectamente, el ánimo de la época, un deseo de cambio; los temas de boogaloo y shing-a-ling de Willie ofrecían algo nuevo y vibrante. Finalmente, el arma secreta de Willie Colón era un Héctor Lavoe. Un joven cantante adolescente, nacido en Ponce, Puerto Rico, y criado en Nueva York, Lavoe era el vínculo a lo caribeño, las raíces de la música de Willie. Lavoe tenía una hermosa voz de tenor, melodiosa, pero áspera y con ese timbre nasal de los soneros tradicionales. Jóvenes e inexpertos como eran, la orquesta de Willie Colón tenía algo especial y es por eso que firmaron para la compañía de Jerry Masucci y Johnny Pacheco, Fania Records Estaban en lo correcto – el álbum se vendió bien - logrando excelentes dividendos considerando que se trataba de un artista completamente nuevo y desconocido.
Casi 40 años más tarde, “El Malo” aún suena fresco y emocionante. La salsa ha pasado por muchos cambios y ha llegado a ser, en algunos momentos, demasiado sofisticada. “El Malo” nos recuerda esos elementos más puros y simples –ritmo, la percusión como guía, bronces deslumbrantes, hipnóticos tumbaos/montunos y una gran improvisación vocal. El tema de apertura, “Jazzy” es una explosión de mambo-jazz, desde el riff de los bronces al comienzo, pasando por el solo de piano, teñido de blues, hasta el fogoso solo de timbal de Marrero, al final de la composición. Cuatro décadas después, esto aún provoca éxtasis en a los bailarines de mambo y jazz. La tradición es representada por el guaguancó “Borinquen” y el son montuno “Chonqui”, destacando en ambos la majestuosa voz de Héctor Lavoe y su entrega a lo “típico”. El nuevo sonido cruzado del boogaloo de la época es representado por “Willie Baby”, “Skinny Papa” y “Willie Whopper”, un shing-a-ling que presenta un funky órgano Hammond. Los temas aún son entretenidos y llenan las pistas de baile en los clubes soul y funky de todo el mundo. Los dos temas finales muestran el deseo de experimentar de Willie Colón, ¡incluso a los 17 años! “El Malo” mezcla la bomba puertorriqueña y el guaguancó cubano, mientras “Quimbombo” fusiona dos ritmos cubanos, el guaguancó y el mozmbique, en un torbellino del trombón, el cierre perfecto para el álbum.
En verdad, este es un álbum clásico y uno que todos los fanáticos de Willie Colón deberían tener, pero también un infaltable para los interesados en la historia y desarrollo de la música afro-cubana durante el último siglo. Esta es una instantánea de las primeras incursiones en grabación de un músico que daría forma al futuro de la salsa en los setenta y ochenta.
Escrito por Lubi Jovanovic
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