Ruben Blades Con La Orquesta De Pete Rodriguez De Panama A Nueva York
Este es el primer disco estadounidense del joven panameño, cuyo destino era convertirse en una de las más grandes estrellas de la salsa antes de que terminara la década. Pero su disco debut fue un fracaso y Blades se encontró de regreso en Panamá, retomando sus estudios de abogacía. Lo que quedó de esta experiencia, sin embargo, fue mucho más que un disco buscado por los coleccionistas. Hoy, es el sueño de un musicólogo, un disco que documenta el desarrollo de un gran artista.
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Este es el primer disco estadounidense del joven panameño, cuyo destino era convertirse en una de las más grandes estrellas de la salsa antes de que terminara la década. Pero su disco debut fue un fracaso y Blades se encontró de regreso en Panamá, retomando sus estudios de abogacía. Lo que quedó de esta experiencia, sin embargo, fue mucho más que un disco buscado por los coleccionistas. Hoy, es el sueño de un musicólogo, un disco que documenta el desarrollo de un gran artista.

En realidad, Blades tampoco estaba listo para los escenarios internacionales a este punto de su carrera. Apenas había cumplido 20 años cuando llegó a Nueva York, dos años atrás, dejando su país a causa de la intranquilidad que reinaba en la universidad de Panamá. Pese a ser conocido como un talento incipiente en su patria, en Nueva York era tan sólo un aspirante anónimo, un muchacho con una guitarra en un estuche de cuadros rojos y una mochila llena de canciones distintas.

Fue éste un disco prematuro. Pero mostró la presciencia de Pancho Cristal, legendario productor de la Alegre, cuya presencia fue instrumental para que Blades llegara a Nueva York. Como principiante, Blades no contaba con el poder necesario para estamparle su sello a esta producción, apareciendo como cantante principal con la orquesta de Pete “Boogaloo” Rodríguez.

Sin embargo, Blades le otorgó a este trabajo temprano un elemento crucial, la individualidad de su visión artística. Pese a que todavía estaban en proceso de gestación, muchas de sus características principales – el contar historias, la identificación con el hombre común, los bosquejos de personajes, el talento para la melodía y los soneos – quedan en evidencia aquí.

Algunas de estas canciones contienen la semilla de conceptos que florecerían posteriormente. El tema de apertura “Juan González”, por ejemplo, presagia al “Cipriano Armenteros” que Ismael Miranda grabaría en 1975. Ambas canciones exaltan las leyendas de héroes revolucionarios, inspirándose en la estructura narrativa de los corridos mexicanos, pero con ritmo de salsa. Las diferencias entre ambos temas son reveladoras. "Cipriano" es una historia más desarrollada, con más detalles, mayor cantidad de versos y acción más concreta. Contrariamente a “Juan González”, que es asesinado junto a sus rebeldes cansados y hambrientos, Cipriano es rescatado en un arriesgado operativo por sus hombres, que prometen vengarse – un final épico que inspira en vez de provocar lamentos. De cualquier manera, el cantante pensó que “Juan González” era lo suficientemente interesante como para revivirlo, cuatro décadas después, durante su gira europea de 2008.

Continuando con los anticipos de lo que vendría en el futuro, Blades le habla a un amigo que tiene el corazón roto en dos idiomas durante “Hey Man”, de la misma manera en que le hablaría a un borracho callejero diciéndole “What happened, man?”’ en el disco Salsa at Woodstock, lanzado por Bobby Rodríguez y la Compañía en 1976. “El Pescador” tiene dejos de la inquietante melodía de “Prepara”, del disco de 1979 Crossover de la Fania All Stars; ambos temas hablan de partidas, combinando ternura con presagios. Y en “Descarga Caliente”, Blades desata un torrente de soneos que expresan su orgullosa independencia y un agudo mensaje contra las pretensiones y el materialismo – claro preámbulo a “Plástico” y “Siembra”, de su clásico disco de 1978 con Willie Colón.

Hay otros elementos que se convertirían en marca registrada de Blades. Efectos sonoros. Introducciones de guitarra acústica. El anticuado sentimiento de un bolero cubano. Los fraseos impredecibles que saltan octavas para sostener una nota alta.

Durante sus primeros años, Blades imitó claramente a su héroe, el cantante Cheo Feliciano, notablemente en el tema “A Las Seis” de 1968, grabado junto a Los Salvajes del Ritmo de Panamá, cuyo guitarrista y cantautor Roberto Cedeno contribuyó el tema que le da su nombre a “De Panamá a Nueva York" – el único tema del disco que no es de Blades. Vale la pena señalar que dentro de los próximos dos años, Blades había desarrollado un estilo propio, rebosante de invención y autoridad.

Cuando Blades regresó a Nueva York en 1974, seguía siendo un desconocido y el movimiento de la salsa había estallado. Tal vez por miedo a fracasar nuevamente, permaneció fiel al estilo de Cheo en el disco 1975 de Ray Barretto que lleva su nombre – la primera oportunidad que disfrutó Blades con una gran orquesta y un primer éxito.

Para ese entonces, el mundo estaba listo para recibir a Rubén Blades. El que conoce este disco sabe que el cantante estaba listo para ser reconocido desde el principio.

Lineas discografícas escritas por Agustín Gurza


Créditos:

Productor – Miguel Estivill
Arreglos – Frank J. Rosa, Lino Frias, Ramón Emilio Aracena
Ingeniero de Sonido – Fred Weinberg
Diseño de Portada Original – Ely Besalel
Fotografía de Portada Original – Warren Flagler, Besalel Ltd

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