“Creo que le gusto a la gente”, dijo en una entrevista la legendaria La Lupe, una de las estrellas más
electrizantes que jamás hayan fulminado por el Planeta Tierra, “porque hago lo que ellos quisieran
hacer, pero no hacen porque no son libres”. Es cierto que hay quienes dirían que La Yi Yi Yi era la
pura encarnación del espíritu libre; y otros dirían que simplemente estaba poseída, literalmente. No
sorprendería a nadie si lo estuviera, dada la tendencia de esta vocalista voluptuosa de tirarse contra
las paredes, arrancarse la ropa, tirarles los zapatos a los músicos de su grupo, arañarse y rasgarse ...MÁS >

“Creo que le gusto a la gente”, dijo en una entrevista la legendaria La Lupe, una de las estrellas más
electrizantes que jamás hayan fulminado por el Planeta Tierra, “porque hago lo que ellos quisieran
hacer, pero no hacen porque no son libres”. Es cierto que hay quienes dirían que La Yi Yi Yi era la
pura encarnación del espíritu libre; y otros dirían que simplemente estaba poseída, literalmente. No
sorprendería a nadie si lo estuviera, dada la tendencia de esta vocalista voluptuosa de tirarse contra
las paredes, arrancarse la ropa, tirarles los zapatos a los músicos de su grupo, arañarse y rasgarse
a sí misma en el escenario, y todo esto mientras cantaba orgásmicamente a toda voz. Se ha dicho
que este drama musical atrajo a su cabida estrellas internacionales como Marlon Brando, Ernest
Hemingway, Simone De Beauvoir, y Jean Paul Sartre. Pero fue este comportamiento rematado, junto
a la nacionalización y limpieza de los infames bares de La Habana por el nuevo líder Castro, que
eventualmente llevaron a La Lupe a Nueva York. A partir del 1962 hasta su muerte prematura 30
años más tarde, La Lupe experimentó las altas y bajas más extraordinarias de su vida dentro de un
ámbito que la coronó “La Reina del Soul Latino” y luego la vio morir hecha una pordiosera. La Lupe, cuyo verdadero nombre es Guadalupe Victoria Yoli Raymond, nació en San Pedrito,
un pueblo en la parte sur de Cuba cerca de Santiago de Cuba. (Al parecer existe un consenso
sobre el día de nacimiento de La Lupe: el 23 de diciembre. Sin embargo, el año específico de su
nacimiento parece ser un tema debatido. La mayoría de las fuentes dicen que es 1936 o 1939.
El metraje de archivo del funeral de La Lupe muestra el año 1936 como la fecha anotada en su
ataúd, pero su lápida en el cementerio St. Raymond en el Bronx cita el 1939 como el año de su
nacimiento). Su pueblo natal era tan rural que ella comentó, “Nací en un pueblo tan pequeño que
nadie lo conocía hasta que yo me fui”. Aunque la música le atrajo desde temprana edad, los padres
de La Lupe alentaron a su hija a que ejerciera una profesión más estable—la de maestra—y aunque
obedeció sus deseos, no pudo resistir su pasión por la música, especialmente al mudarse la familia
a La Habana cuando La Lupe era una adolescente. Un crisol de Eartha Kitt, Edith Pilaf, Olga Guillot,
y Nina Simone, la voz tempestuosamente elástica de la cantante podía mimar e incinerar simultáneamente
a cualquier género. Ya fuera interpretando boleros o sones montunos, canciones pop o
cantinelas del rock and roll, clásicos del jazz o números de Broadway, La Lupe simplemente no podía
contener la música dentro de sí misma, y nadie—fuese Mongo Santamaría, Tito Puente, Dick Cavett, o
las Estrellas de Fania—jamás podría, sin importar lo mucho que intentara, domarla a ella.
“Nunca olvidaré la primera vez que conocí a La Lupe”, dice Henry “Pucho” Brown, oriundo de
Harlem, coronado Latin Soul Brother, y fundador y líder de su banda, Pucho y sus Latin Soul Brothers.
“Fui a visitar a Marty Sheller, el arreglista de Mongo en aquel entonces. Vivía en la calle 86 y Broadway,
en un edificio donde había un montón de músicos. Entro por la puerta, y veo a una tipa tirada en
el sofá, con los pies sucios y no muy gran cosa—y era Lupe. Esto fue alrededor de 1962. Y de un
momento a otro, ¡es una gran estrella! Cuando vi su presentación en el Apollo con Mongo, estuvo sensacional—
un poco loca, pero buenísima, ¡con mucho fuego! Y le encantaba toda esa m***** del vudú”.
Esa “m***** del vudú” era en realidad Santería, y durante gran parte de su vida, La Lupe fue,
de hecho, una Santera. Hay gente que pensaba que su práctica religiosa podía escucharse en las
docenas de LPs que eventualmente realizaría, a partir de su primera grabación de larga duración, la
cual tienes en tus manos—Con el Diablo en el Cuerpo. Esta grabación fue realizada en abril de 1960
en La Habana, probablemente en Radio Progreso, y lanzada al año siguiente por el sello disquero Discuba Records, afiliado con la RCA. En ella, esta prodigiosa muchacha de veinte (o veintitrés)
años sigue el estilo que la caracterizó durante toda su carrera Spanglish, ligando normas del pop
con crudas descargas indígenas. Con el Diablo en el Cuerpo fue probablemente titulado así por el
extático tema principal escrito por Julio Gutiérrez, y no (necesariamente) por la tendencia de La Lupe
de aparentar estar “poseída” en el escenario. Sin embargo, no se podía culpar al público consumidor
si, luego de ver en ambos lados del álbum las imágenes de la mujer claramente transfigurada, quizás
pensaron que el diablo se escondía en las ranuras de vinil del disco.
Quizás era ésta la clase de polémica que los ejecutivos de Discuba buscaban en ese momento.
De todos modos, desde el principio La Lupe convierte a cada una de las canciones en un drama
total, exprimiendo angustia histriónica de incluso las inocentes canciones del ídolo adolescente Paul
Anka, “Crazy Love” y “So It’s Goodbye”, incluidas en el álbum. Por supuesto, conviene tener el acompañamiento
de una orquesta de primera clase, y La Lupe tiene exactamente eso, arreglada y dirigida
alternadamente por el pianista Felipe Dulziades, y el multi-instrumentalista y veterano del estudio
Eddie Gaytán, cuyos músicos La Lupe alienta bromeando durante sus coros y solos con gritos como
“¡Qué lindo!” y “¡Háblale, háblale!” Por otra parte, La Lupe eleva el estándar (que ya es alto) de la
canción clásica de Eddie Cooley y Otis Blackwell “Fiebre”, una melodía ubicua que aniquilaría de
nuevo para Tico Records más adelante en la década.
Es posible que nunca sepamos si La Lupe creía que Con el Diablo en el Cuerpo sería el comienzo
de una larga carrera disquera en Cuba, pero el hecho es que luego del lanzamiento de su próximo
disco La Lupe Is Back, nunca volvería a grabar un disco en su país natal. Poco después de su
segundo lanzamiento se hallaría en la ciudad de Nueva York, dominando los años 60 como ninguna
otra cantante latina, llenando lugares desde el Palladium hasta el Carnegie Hall, en camino a convertirse
en una figura controversial, aún después de haber sido sustituida por su compatriota Celia
Cruz, quien pronto sería coronada la Reina de la Salsa. “En Cuba me llamaban loca”, diría La Lupe
después. “Ellos no me entendían”. El Bronx—en donde actualmente se encuentra la calle que lleva su
nombre, La Lupe Way—eventualmente sí la entendió.
La Lupe al fin sí llegó a ser maestra, de música al igual que drama. Con el Diablo en el Cuerpo
es la primera lección.
Notas por Matt Rogers
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