Ramón Luis Ramírez Toro, alias “Chamaco” Ramírez, nació en 1941 en Santurce, Puerto Rico, y fue un sonero un tanto desconocido. Sin embargo, sus fanáticos devotos lo conocen como “Trucutú”, su composición más popular, y por su interpretación de “Plante Bandera” de Curet Alonso. Aunque Ramírez no hubiese hecho más nada, sus grabaciones en las décadas de los 60 y 70 con Tommy Olivencia bastarían para tenerlo en muy alta estima. Son algunas de las mejores salsas que jamás se hayan puesto en vinilo. ...MÁS >

Ramón Luis Ramírez Toro, alias “Chamaco” Ramírez, nació en 1941 en Santurce, Puerto Rico, y fue un sonero un tanto desconocido. Sin embargo, sus fanáticos devotos lo conocen como “Trucutú”, su composición más popular, y por su interpretación de “Plante Bandera” de Curet Alonso. Aunque Ramírez no hubiese hecho más nada, sus grabaciones en las décadas de los 60 y 70 con Tommy Olivencia bastarían para tenerlo en muy alta estima. Son algunas de las mejores salsas que jamás se hayan puesto en vinilo. Pero su corta y trágica carrera como solista, encarcelaciones ocasionales, su inclinación hacia la delincuencia para mantener su hábito de drogas, y sus momentáneas desapariciones (culminando con su muerte prematura en 1983), han contribuido a su anonimato en el panteón de los grandes de la salsa.
Al igual que Héctor Lavoe y Lalo Rodríguez, Chamaco Ramírez poseía una voz aguda y nasal que podía causar escalofríos. Al igual que Ismael Rivera, Chamaco tenía una gran habilidad para improvisar letras, para jugar con las palabras, y un poseía gran sentido rítmico. Al igual que José “Cheo” Feliciano, Ramírez pintaba retratos de la gente del barrio porque él era tan “callejero” como ellos. Y al igual que todos estos boricuas que eran más famosos que él, Chamaco tuvo problemas causados por las drogas, y al final fueron éstas las que lo acabaron. Pero a diferencia de ellos, él nunca obtuvo el reconocimiento digno de alguien con talento de ese calibre.
En una entrevista reciente, el pianista, compositor, y arreglista cubano Javier Vázquez contó que estaba en pleno trabajo en el próximo álbum de Ismael Rivera (lanzado más adelante en 1980 como Maelo – El Sonero Mayor) en 1978 cuando las sesiones tuvieron que ser suspendidas ya que Rivera no podía cantar porque tenía dolorosos pólipos en la garganta. Vázquez había sido el director musical y el arreglista de Los Cachimbos, la banda que acompañaba a Rivera, desde principios de los 70. El jefe del sello Fania, Jerry Masucci, llamó a Javier con la solución para remplazar a Rivera: traer a Chamaco, ya que ambos cantantes eran tan similares. De hecho, ellos eran buenos amigos y Ramírez admiraba a Maelo como un mentor. Según la hermana de Chamaco, Rivera y Ramírez habían hecho amistad años atrás en la notoria cárcel de Puerto Rico, el Oso Blanco, formando un grupo vocal mientras estaban tras las rejas. Se esperaba que una sesión pudiese llenar el vacío en el catálogo de Fania de Ismael Rivera. Sin embargo, en vez de cantar sobre las pistas musicales ya terminadas en el proyecto de Maelo, un proyecto totalmente nuevo fue lanzado en su lugar. Vázquez terminó produciéndolo de principio a fin, seleccionando la orquesta personalmente, determinando las fechas en que se utilizaría el estudio, y arreglando el primer – y último – álbum como solista de Ramírez, Alive and Kicking (1979).
Chamaco había realizado su última grabación con el director de orquesta Olivencia a mediados de los 70. Se fue a Chicago poco después y fue ahí donde Masucci lo encontró. Ramírez regresó a Nueva York, y durante el transcurso de una cena el cantante y el productor planearon el álbum con Camacho a cargo de la selección de las canciones. Todos los músicos y los cantantes del coro en las sesiones eran gente con quienes Vázquez había trabajado anteriormente. Para mantener el sonido fresco, el estilo de la banda que Vázquez reunió era una mezcla del estilo del conjunto pequeño Los Cachimbos y el de la gran orquesta de Olivencia. A diferencia de Los Cachimbos, no había un tres, y los vientos incluían una segunda trompeta (Ramón “Chiripa” Aracena, quien no fue acreditado) y una caña adicional, Mario Rivera (saxofón tenor). Según Vázquez, Chamaco estaba entusiasmado, resultaba fácil trabajar con él, y llegaba a las sesiones completamente sobrio. Vázquez menciona que después del lanzamiento del álbum no pudieron presentarse juntos en vivo para promoverlo ya que él estaba muy ocupado con otras presentaciones y Chamaco no “iba a presentarse en bailes”. Lamentablemente, la química que tan bien había trabajado en el estudio no se duplicaría en el escenario. Javier nunca volvió a ver a Chamaco una vez terminaron las sesiones.
En la inquietante portada del álbum, el diseñador Ron Levine representó a un sonriente Ramírez saliendo de un ataúd en una cripta iluminada por un rayo de luz, y dice que fue inspirado por el título que le mostraron durante la producción. La ilustración fue idea suya y fue realizada con carácter divertido. No conocía los problemas personales de Ramírez. Aquellos quienes sí le conocían bien pensaban que el cantante, a quien le gustaba tentar al destino, estaba encaminándose en una trayectoria descendente que terminaría mal. Pero nadie imaginó cuán escalofriantemente profética resultaría esa representación años después cuando Ramírez terminó asesinado en un callejón del Bronx. El productor musical Chris Soto opina que el talento vocal de Chamaco, su vida despreocupada y su muerte violenta tienen similitudes a las de varias figuras del rap, especialmente Biggie Smalls (Christopher Wallace), alias The Notorious B.I.G. Este es el caso cuando se trata de los últimos álbumes de ambos, que fueron irónicos comentarios sobre sus muertes prematuras (el Opus póstumo de Biggie se titula Life After Death). Si se quiere mirar de manera más positiva, la portada de Levine sugiere que el artista nunca muere mientras su música se mantenga viva.
El álbum abre con “San Agustín” de Curet Alonso, una estampa al ritmo del son montuno que rinde homenaje al colorido pueblo del barrio en la sección de Puerta de Tierra en San Juan, especialmente a un bongosero, a un dueño de barra, y a un boxeador. Apurando el paso le sigue una nueva versión de “Rumba Moderna”, hecha famosa inicialmente por Alberto Ruiz y el Conjunto Kubavana en 1948. Chamaco le cambia la letra un poco para afirmar que la inspiración para esta “salsa moderna” proviene de Nueva York. “Cuando Manda El Corazón” insta a que se obedezcan las órdenes del corazón. Lo más efectivo aquí no es tanto la letra como la emoción con la que Ramírez interpreta la canción. “Adivínalo” es un número fiestero algo controversial escrito por Chamaco. Es un juguetón acertijo infantil (en terminología común) sobre el uso de drogas en una fiesta casera. Sea lo que sea, tiene un ritmo contagioso. “Así Son Bongo” es la pista bailable más sólida del álbum. La canción fue compuesta años atrás por Joseíto Fernández, famoso por su “Guajira Guantanamera”, pero Chamaco la convierte en suya. La letra es una queja sobre una amante que olvida al protagonista cuando lo encarcelan injustamente, a pesar de su promesa de visitarlo los domingos y de volver con él cuando salga. Sólo su madre lo visita en esa “maldita prisión” que es como un cementerio para él. “Kikirikí” emplea la metáfora de las peleas de gallos, un deporte sangriento adorado en los países latinos, para hacer un comentario sobre el propio sentido de virilidad de Chamaco. Entonces Ramírez enfoca en su lado sentimental y sufrido con el tórrido bolero “Respétala”. Le implora a su amante a que lo regañe porque se lo merece, porque le ha sido infiel y por ser un atorrante; no merece su perdón porque le ha faltado el respeto a su honor. Siguiendo la mejor tradición de boleros con letras exageradamente labradas, le ruega que le pegue y hasta que lo mate si quiere, pero que nunca lo deje sin su amor. Y entonces volvemos a otra salsa movida con otro número original que describe una estampa sobre un borracho conductor de autobús. La rima divertida de Chamaco y el piano alegre de Vázquez conspiran para mantener la cosa andando en un ambiente de fiesta. El álbum termina con un clásico son montuno de Cuba de los años 20, la composición de Reinlado Bolaños “Fanía Funché”. Esta fue popularizada por el Conjunto Estrellas de Chocolate, y fue cubierta por Johnny Pacheco en 1964 en su álbum Cañonazo, el primer lanzamiento del sello que deriva su nombre de la canción. Aunque la canción contiene intrigantes palabras africanas que pudieran llevar a un análisis completo sobre ellas, la esencia básica consiste de un pedido de ayuda a las deidades africanas en tiempos difíciles.
Esas nueve pistas son la última voluntad y el testamento de Chamaco, un diamante en la tierra con el cual se le puede recordar. Esperamos que esta reedición sirva para aclarar los hechos y probar que el legado de Chamaco sigue Alive And Kicking [“vivito y coleando”].
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