Sonora Poncena Algo de Locura
Es impensable que el tercer álbum de uno de los grupos de salsa más queridos de todos los tiempos haya sido ignorado por tanto tiempo. Los primeros dos discos de larga duración de La Sonora Ponceña, Hacheros Pa’ un Palo (1968) y Fuego en el 23 (1969), fueron auténticos éxitos que establecieron un poderoso sonido basado en el virtuoso piano de su líder Papo Lucca y una sección de percusión de gran cuerpo que estableció una base propulsiva para la siempre atractiva convergencia armónica de las trompetas con el piano y los vocalistas. Después de un descanso de dos años, Papo y su banda de hombres alegres regresaron con más vigor aún. ...MÁS >
Es impensable que el tercer álbum de uno de los grupos de salsa más queridos de todos los tiempos haya sido ignorado por tanto tiempo. Los primeros dos discos de larga duración de La Sonora Ponceña, Hacheros Pa’ un Palo (1968) y Fuego en el 23 (1969), fueron auténticos éxitos que establecieron un poderoso sonido basado en el virtuoso piano de su líder Papo Lucca y una sección de percusión de gran cuerpo que estableció una base propulsiva para la siempre atractiva convergencia armónica de las trompetas con el piano y los vocalistas. Después de un descanso de dos años, Papo y su banda de hombres alegres regresaron con más vigor aún. Fue un momento robusto a principios de la larga historia de la banda, ya que grabarían cuatro discos de larga duración entre 1971 y 1972, trabajando principalmente en Nueva York con el productor Larry Harlow.
El padre de Papo, Don Enrique “Quique” Lucca Caraballo, fundó La Sonora Ponceña en 1954 de las cenizas de su primera banda denominada Conjunto Internacional (conocida también como la Orquesta Internacional). Tomaron el concepto de incluir una sección de viento de puras trompetas de La Sonora Matancera, uno de los grupos cubanos favoritos de Quique, del cual también tomaron la idea para el nombre de su nueva banda. La incorporación del nombre de su pueblo natal, Ponce, Puerto Rico, no sólo demostraba orgullo por su pequeño pueblo en la costa sur de la isla, sino que también hacía una osada declaración sobre el sitio que ocupaba esta banda puertorriqueña en el linaje de la historia de la música afrocubana.
El hijo de Quique, Enrique “Papo” Lucca Jr., era el ingrediente no tan secreto de la mezcla. Nacido en 1946, fue un niño prodigio que comenzó a estudiar varios instrumentos y teoría musical en la Escuela Libre de Música a los 6 años de edad. Su padre vio un gran potencial en él y promovió su talento con lecciones privadas impartidas por el pianista Ramón Fernández. Papo grabaría su primer solo de piano a los doce años de edad, como artista invitado de La Sonora Ponceña, siendo ésta la banda de los populares vocalistas Felipe Rodríguez y Davilita en el álbum Al Compás de las Sonoras. Se integró a la banda como miembro a tiempo completo dos años después.
La Sonora Ponceña viajó a la ciudad de Nueva York en 1960, donde se presentó en el Manhattan Center y el Teatro Puerto Rico y obtuvo críticas muy favorables. El público americano consideró a Papo como el elemento más destacado. En esta época, se vio expuesto al jazz y decidió continuar su educación en el Conservatorio de Música de Puerto Rico. Perfeccionó su habilidad para mezclar los patrones rítmicos de piano al estilo cubano con fluidez, con un planteamiento de jazz. Esto representó una importante desviación del tradicional estilo puertorriqueño de la época, que iba acompañado de improvisaciones de piano y que funcionaba más bien como un instrumento que ofrecía un ritmo estable y menos como un instrumento expresivo. Sería esta sensacional combinación de estilos lo que mantuvo el movimiento para convertirse en un ingrediente esencial del sonido de La Sonora Ponceña.
Papo había asumido el control como director musical de la banda para 1968, mientras que su padre mantenía el control como director, y pronto cerraron un contrato con Inca Records—una alianza que duró más de treinta discos. Al grupo le iba bastante bien para cuando grabó su tercer álbum. Al igual que en las primeras grabaciones, el sonido es crudo con una mezcla de sonidos de la vieja escuela y una facilidad para la improvisación. Las secciones de trompetas y ritmos constituyen una máquina bien lubricada, mientras que las primeras voces, Luis Guillermo “Luigui” Texidor Ortiz y Humberto “Tito” Gómez, cruzan la línea entre la irreverencia juvenil y el respeto por el pasado con gran destreza.
Larry Harlow no sabía quién era La Sonora Ponceña cuando se integró como productor. “Fue una de mis primeras producciones”, dice, “y como que me la asignó Jerry Masucci”. Pero Harlow sentía que eran espíritus afines, y aunque la banda venía de Puerto Rico, él entendía su arraigada conexión a través del modelo cubano del conjunto de banda, e inmediatamente se dio cuenta del gran pianista que era Papo Lucca. “Tenía su propio estilo para tocar. ¡Era un original!”
La banda inicia el álbum con el explosivo rumbón titulado, “Acere Ko”, un ritmo rápido y fiestero que resultó ser el éxito principal del álbum. Luigui Texidor canta con gran fuerza ante un furioso aluvión de trompetas y percusión. La banda avanza a través de unos cuantos profundos guaguancós y un lento bolero antes de llegar a las piezas centrales del disco. “Yemaya”, el último corte del primer lado, es un candente himno con influencia africana que alaba a la poderosa madre océano. El piano de Papo sostiene el sombrío ritmo del mar durante el primer tercio de la canción, que se acopla al constante ritmo que establece la sección de percusión a medida que el llamado tropical de las trompetas flota por encima de ellos. Luego Papo ordena que los cielos se abran, y la pista adquiere una disposición más alegre mientras el grupo se entrega al frenesí.
El lado 2 inicia con “La Pobreza y Yo”, un sombrío y muscular son montuno, antes de penetrar el corazón del álbum con el magistral “Oye Mi Quinto”. Esta descarga guaguancó inicia con una hipnótica interacción extendida entre la sección de percusión y los vocalistas. El verdadero genio de Papo Lucca empieza a brillar después de un par de minutos a medida que conduce a la banda a través de una serie de cambios en un hábil arreglo que resulta complejo y satisfactorio.
Algunos años después, la banda crecería para adoptar un sonido más experimental, pero existe algo encantador en cuanto a la exuberancia de esta temprana grabación, parte de la cual se debe a la producción.
“Era una banda sencilla y fácil de producir, porque sólo constaba de trompetas”, recuerda Harlow. “Era una buena banda, muy bien ensayada, porque tocaba todos los días en Puerto Rico y llevaba ya mucho tiempo tocando esas canciones cuando entraron al estudio”.
Harlow notó que el joven Papo lo observaba detrás de la mezcladora y se hizo cargo de él. “Yo como que lo instruí en el estudio. Le enseñé frecuencias, ondas sonoras y cosas por el estilo. Aprendió a producir muy bien en poco tiempo y se convirtió en un muy buen productor en un par de años”.

Notas de portada por Robbie Busch

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