Al Santiago nació en el seno de una familia de músicos. Tanto su tío como su padre actuaban en un club nocturno, y su hermana tocaba el piano. A los 15 años, Al también comenzó a tomar clases de piano, pero descubrió que este instrumento le resultaba muy exigente y eventualmente lo cambió por el saxofón. Así aprendió a leer música, tocando instrumentos de viento mientras trabajaba como ayudante en la orquesta de su tío. En algunas ocasiones, se le permitía sentarse a tocar con la banda.
La música era una presencia constante en el departamento de Spanish Harlem en el que vivía, puesto que era allí donde el ‘tío Bartolo’ conducía los ensayos de la orquesta.
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Al Santiago nació en el seno de una familia de músicos. Tanto su tío como su padre actuaban en un club nocturno, y su hermana tocaba el piano. A los 15 años, Al también comenzó a tomar clases de piano, pero descubrió que este instrumento le resultaba muy exigente y eventualmente lo cambió por el saxofón. Así aprendió a leer música, tocando instrumentos de viento mientras trabajaba como ayudante en la orquesta de su tío. En algunas ocasiones, se le permitía sentarse a tocar con la banda.
La música era una presencia constante en el departamento de Spanish Harlem en el que vivía, puesto que era allí donde el ‘tío Bartolo’ conducía los ensayos de la orquesta.
Pero Bartolo dejaría la banda un tiempo después para abrir Casa Latina, una tienda de discos en la calle 110. Al pasó entonces a ser el nuevo conductor de la orquesta, y reemplazó a la mayoría de los músicos veteranos que la conformaban - excepto su padre - con nuevos talentos. Nombró al renovado grupo The Chaka Nu Nu Boys, y comenzó a tocar con él en el circuito neoyorquino del cuchifrito, imitando el sonido de la orquesta liderada por Machito.
Una noche, mientras Al paraba en un hotel junto con los Chaka Nu Nu Boys, su timbalero murió trágicamente tratando de rescatar sus timbales de un incendio. Al nombró entonces a Mike Collazo como nuevo timbalero, quien se convertiría luego en uno de los más ilustres percusionistas de la música latina. Al, en cambio, descubrió poco después que no tenía la vocación para convertirse en un gran músico, y dejó la banda.
Tratando de emular a su tío, pidió prestado 1800 dólares a familiares y amigos, y abrió su propia tienda de discos en la calle 136: Casa Latina of the Bronx. Allí vendía exclusivamente álbumes de 78 rpm, y como el alquiler era sólo 50 dólares al mes, pudo vivir de la tienda mientras iba a la escuela durante el día.
Tres años y medio después, la ciudad comenzó a demoler unos cuantos edificios de la zona, con la idea de reemplazarlos. Este emprendimiento dañó su negocio.
Santiago trabajó después en otros lugares, hasta que pudo abrir su célebre tienda Casalegre en noviembre de 1955. El local había sido una espaciosa tienda de empeño, y la renta era ocho veces más cara que la de su anterior establecimiento, pero Al estaba creando lo que sería el centro de música latina más lucrativo de todo Nueva York. Poco después de la apertura, otro negocio de discos de la zona cerró sus puertas, ofreciéndole a Al su catálogo de 78 rpm. Santiago los compró a cinco centavos cada uno, para después ofrecérselos como promoción a los clientes que compraran discos nuevos a un dólar cada uno.
Casalegre no tardó mucho tiempo en convertirse en el lugar de encuentro para los músicos, integrantes de orquestas y cantantes latinos, e importantes productores de la era del mambo, el cha cha cha y la pachanga. Durante los fines de semana, muchos melómanos viajaban desde lejos para comprar discos allí, y de paso codearse con las mismas luminarias que los habían grabado. La tienda era un éxito absoluto, y finalmente sobrepasó en popularidad a la de su tío Bartolo.
En 1956, Ben Perlman, un empresario del Bronx, se acercó a Al sabiendo que estaba interesado en fundar su propio sello discográfico. Santiago le pidió apenas 750 dólares, y pronto comenzó a producir y editar discos de 78 rpm por su cuenta. Luego de publicar 44 discos en los cuatro primeros años, Al había vendido suficientes copias como para mantener el negocio a flote. Pero si Alegre quería competir con los lanzamientos de Tico, Mardi-Gras y Seeco, tendría que sobrepasar los álbumes producidos por sus adversarios y editar música verdaderamente excepcional.
Al contrató a algunos de sus conocidos para manejar la tienda, concentrándose enteramente en el sello. Casalegre era administrada por su padre, junto a Mike Collazo, el cantautor Miguel Angel (Mike) Amadeo, el historiador musical Joe Conzo, Charlie de los Cha Cha Taps y otros. Años después, cuando Casalegre había cerrado sus puertas, Mike Amadeo abrió su propio negocio de discos, Casa Amadeo, a la vuelta de donde funcionaba Casalegre. La tienda permanece abierta hasta el día de hoy.
En 1961, el hermano de Mike Collazo le aconsejó a Al que visitara el Triton Club del boulevard Southern para ver a una nueva charanga que estaba causando sensación. Como buen admirador del género tradicional cubano, Al fue al club del Bronx y se enamoró inmediatamente de la música de Johnny Pacheco y su Charanga. Al terminar el show, fue a los camerinos y le ofreció a Pacheco un contrato discográfico. Luego de unas cuantas negociaciones, el artista firmó con Alegre y editó el clásico LP Pacheco y su Charanga, que vendió 100 mil copias-- una cifra sin precedentes para la época. Pacheco grabaría cinco discos en dos años, después de lo cual dejaría Alegre para lanzar su propio sello, Fania, junto al abogado que había tramitado su divorcio, Jerry Masucci.
Eddie Palmieri fue otra de las estrellas que hizo su debut con The Chaka Nu Nu Boys a los 14 años. Eddie, que se había convertido en el pianista de Tito Rodríguez, también quería formar su propia orquesta, La Perfecta. Firmó con Alegre siguiendo los pasos de su hermano mayor Charlie, cuyas grabaciones con La Duboney habían vendido miles de unidades. Al decidió producir los álbumes de Sabú Martínez, Kako y su Combo, José Fajardo, Chivirico Dávila, Orlando Marín y, por supuesto, la Alegre All Stars, un conjunto formado por las estrellas de la compañía. La mayoría de estos discos tuvieron buenas ventas, y Alegre se convirtió en el sello más exitoso del mercado latino.
Durante todos estos años, Al vivió bajo una fuerte presión, hasta que la tensión finalmente lo dañó. Era un personaje pintoresco, con un sentido del humor muy peculiar. La vida con Al Santiago era una experiencia emocionante. Hay muchas anécdotas que atestiguan sus inconfundibles características, entre ellas la de una noche en que llegó a una función sin pantalones porque la invitación decía que había que ir vestido ‘con saco y corbata’. O la vez en que Kako y él fueron multados por montar a caballo en plena calle 42 para ir al estudio. Al parecer, Al quería incluir un auténtico relincho en el tema de Pacheco "A Caballo" y no sabía que ese sonido estaba incluido en el archivo de cintas del estudio.
Un día, Al fue llamado a la oficina del fiscal del distrito de Nueva York para atestiguar sobre un tiroteo ocurrido en el club Tropicoro del Bronx. Santiago llegó y presentó a Willie Colón como ‘su abogado’. Puedo dar fe de este episodio porque estuve allí; de hecho, yo mismo fui presentado como ‘su contador’. Después de que Willie objetara algunos de los comentarios del fiscal, se le solicitó que mostrara sus credenciales. Willie comenzó a buscarlas torpemente, hasta que el fiscal se dio cuenta de que Al estaba en uno de sus estados peculiares y nos echó de la oficina, ordenándole que regresara con un verdadero abogado.
Desafortunadamente, Al sufría de una enfermedad llamada narcolepsia, que lo hacía quedarse dormido instantáneamente, muchas veces en medio de una conversación. Alguna vez me comentó que cuando empezaba a sentir que perdía el control de sus sentidos, se retiraba a la casa de su madre. Se quedaba en cama semanas enteras, mirando el techo, hasta que sentía que se había curado. Cuando volvía a trabajar, aparecía como la misma, remarcablemente eficaz, persona de siempre.
En otra ocasión, me pidió que lo condujera hasta el aeropuerto de Idlewild porque quería que tomáramos el próximo vuelo a Puerto Rico para realizar unas promociones. Luego, se quedó dormido. Willie y yo estábamos muy excitados con el viaje, pero cuando llegamos al aeropuerto, Al se despertó queriendo saber qué demonios hacíamos allí. En otra oportunidad, mientras cruzábamos el Lincoln Tunnel yendo a Nueva Jersey, me pidió que detuviéramos el auto y que Willie le alcanzara su trombón. Quería hacer un solo en el techo del coche, en medio del túnel. Le pregunté por qué quería hacer semejante cosa y me respondió: “porque nunca lo han hecho”. Creo que Willie concordaría conmigo en decir que aquellos años fueron los más dichosos de nuestra juventud. Cada día traía una nueva aventura a nuestras vidas, mientras trabajábamos mano a mano con nuestro maestro.
Un tiempo después, Al tuvo que vender Alegre a su competidor Morris Levy. Aunque siguió produciendo para el sello, esta situación extinguió su fuego interior. Su anhelo de éxito había desaparecido, porque la compañía ya no era más suya. Creó nuevos sellos y continuó descubriendo a grandes talentos, pero fue decayendo debido a sus variados problemas, económicos y de salud, hasta que murió en diciembre de 1996.
Una multitud de seguidores, amigos y colegas lidiaron contra el mal tiempo para brindar sus últimos respetos al enemigo del silencio. Al Santiago dejó un legado profundamente emocional: nos dio la oportunidad de regocijarnos con la música de su vida.
Escrito por Bobby Marín
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