
Orlando Marín, timbalero y líder de banda nacido en el Bronx, ha estado involucrado en el ambiente de la música latina de Nueva York desde su adolescencia, cuando formó su primera banda con el cantante Joe Quijano y el pianista Eddie Palmieri. A los 18 años, Marín ya dirigía su propia orquesta y tocaba en locales de baile como el Tropicana, el Stardust y Hunts Point Palace. En una época en que la competencia era fuerte y los directores de orquestas latinas se peleaban el título de “Rey del Mambo”, Marín y su grupo adquirieron una reputación como una de las bandas más acopladas de la ciudad. Marín describe su mentalidad en este entorno competitivo: “Mi mentalidad es que voy a subir al escenario antes o después de cualquiera, y voy a dejar el escenario en llamas. Y el que lo queme mejor, ese es el rey esa noche”.
Orlando Marín firmó su primer gran contrato discográfico en 1956 con Fiesta Records, para la cual grabó dos álbumes (compartidos) y varios sencillos antes de ser reclutado para servir en Corea. “Tenía la banda más caliente de Nueva York cuando me fui al ejército en 1958”, explica Marín. “Los mejores músicos jóvenes de Nueva York de esa época estaban conmigo. Tenía a [el bongosero] Luis ‘Chicky’ Pérez, a quien Tito Puente se llevó cuando me fui”. Es posible que el ser reclutado haya alterado el curso de la carrera musical profesional de Orlando Marín, pero su conexión con la música se mantuvo sólida aun mientras estuvo en el ejército. “Me reclutaron durante el comienzo del verano, en abril o mayo, y al llegar la Navidad me sentía como si tuviera el corazón partido. Mi banda se había separado, estaba en la lomas de Corea—no había duchas, nada”, explica Marín. “Vivíamos en cabañas Quonset—tu sabes, con lámparas de aceite y eso. Y una noche dice alguien, ‘Van a tocar música en vivo en el show del USO; deberías ir’. Me vestí y me fui para allá, y puedes creer que Noro Morales, el gran pianista puertorriqueño, estaba tocando. Tras la batería estaba un muchacho llamado Mikey Collazo, el baterista de mi escuela [superior]. Yo conocía a la banda entera—fue como un milagro. Pero lo más grande es que más adelante me inscribí en un concurso de música que el ejército realizaba todos los años, y gané en el comando del Pacífico. Me fui de gira por el Pacífico y toqué en diferentes lugares como el Japón, Corea, Hawai, y luego en Washington, D.C. para las finales. Los finalistas fuimos todos a El Show de Ed Sullivan en 1959”.
Tras su regreso del servicio militar a principios de 1960, Orlando Marín reorganizó su orquesta y volvió una vez más a tocar en clubes, eventualmente llamando la atención de Alegre Records, una de las más prestigiosas disqueras durante los años 60. Marín explica en detalle cómo fue que terminó grabando para Alegre: “Mike Amadeo trabajaba para Alegre Records y Al Santiago en la tienda de discos de Alegre [Casalegre], localizada en Westchester y la Avenida Prospect. Me oyó tocar junto a [Johnny] Pacheco con mi banda de trompetas aquí en 1960, y mi banda estaba guisando, ¿sabes? Así es que me dice, ‘Oye, ustedes son buenísimos, y los vamos a recomendar a Al Santiago’. Y efectivamente, Santiago dijo, “Sí, queremos grabarlos’—sólo confiando en la palabra de Mike Amadeo. Además, Harold, el hermano de Mikey Collazo, trabajaba [en la tienda de discos], y nos recomendó también. Y fue como algo que bajó del cielo, ¿sabes? Todo encajó en su lugar. Pero ocurrió algo bien raro, porque Chivirico Dávila acababa de llegar a Nueva York—había dejado a la orquesta de Pérez Prado, en donde había sustituido a Beny Moré luego de que éste renunciara y regresara a Cuba a formar su banda. Así es que Chivirico Dávila llegó a Nueva York en 1960, y estaba en la tienda de discos con Al Santiago cuando yo entré a decirle a Al, ‘Mira, no puedo grabar la sesión ahora porque no tengo cantante’. Y me dice, ‘No te preocupes. ¿Tú ves a ese tipo ahí? Es el mejor cantante del mundo’. Y, casualmente, era Chivirico Dávila. Esas cosas no se planean. ¿Tú me entiendes? Es increíble. Usé al tipo, le enseñé el estilo que quería, y cayó como... la leche en el café. Absolutamente. Era uno de los mejores cantantes en el mundo de lo que ahora se llama salsa, pero entonces era mambo, bolero, cha-cha-chá—cantaba de todo. Y era muy buena persona también”.
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En 1961 Alegre Records lanzó el sencillo “La Casa” por Orlando Marín y Su Orquesta, y se convirtió rápidamente en un gran éxito en Nueva York y en el extranjero, particularmente en Colombia, donde la música de Marín era muy popular. Poco después del éxito de su primera canción con Alegre, Marín grabó su primer álbum para Alegre Records, Se Te Quemó la Casa. La popularidad del álbum ayudó a mantener a la banda de Marín muy ocupada, y en 1964 grabaron un segundo álbum para Alegre titulado Qué Chévere, Vol. II.
En Qué Chévere, Orlando Marín y Su Orquesta tocaron una mezcla de mambos movidos, guaguancós y sones montunos. Ausente estaba la pachanga, un estilo que se destacó de manera especial en el álbum anterior de Marín pero que estaba perdiendo popularidad en ese momento. Según Marín, el grupo de Que Chévere era “muy similar pero no exactamente el mismo” que el grupo de Se Te Quemó la Casa, y éste incluía a Francisco “Paquito” Pastor (piano), Julio Andino (bajo), Tito Jiménez (percusión), Pedro Chaparro (trompeta), y “Chicky” Pérez (percusión), entre otros. Al igual que su primer álbum para Alegre, Qué Chévere vendió bien y contribuyó a la popularidad de la orquesta de Marín, y en el verano de 1965 fueron contratados para tocar por dos semanas en el Club Virginia en Los Ángeles, junto a Tito Puente y su orquesta—una de las experiencias más importantes en la carrera de Marín.
Después de separarse de Alegre a mediados de los años 60, Marín grabó otro álbum de mambo con el sello Fiesta, seguido por un álbum de boogaloo con la disquera Brunswick, y, finalmente, un álbum de jazz latino con Mañana, un sello pequeño a cargo de Al Santiago, un hombre por quien Orlando Marín siente gran admiración debido a sus contribuciones a la música latina. “Una persona que merece gran reconocimiento es Al Santiago, quien era un gran pensador, ¿sabes? De ideas muy progresistas y de mentalidad abierta a muchas cosas. Le abrió las puertas a Pacheco, a Charlie Palmieri, a Eddie Palmieri, y a muchos más—no tanto para mí porque ya yo había grabado álbumes antes [de Alegre], pero sí me dio la oportunidad de regresar y hacer lo mío”.
Aunque Orlando Marín no ha grabado un álbum desde 1970, su banda continúa tocando y rindiendo tributo a la era del mambo y las innumerables bandas y músicos que nunca recibieron su debido reconocimiento en su época. “Todos son reyes”, dijo Marín refiriéndose a sus compañeros de la música latina, muchos de los cuales ya han fallecido. “Cada banda tenía sus seguidores, y para tus seguidores, tú eras el rey”.
Notas de portada por Jonathan Reynaldo Bailey
El Timbalero / Orlando Marín