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Orchestra Harlow

If you happen to be the kind of music fan who enjoys the textured, somewhat rough, smoky flavor of the Afro-Caribbean albums recorded in New York during the late '60s and early '70s, you are bound to be moved deeply by Orchestra Harlow Presenta A Ismael Miranda.

Released in 1971 when Miranda was 21 years old, this tightly arranged session documents a specific moment in time when the music that we know today as salsa was developing its identity-- unique and addictive.

"This was my third LP, following Let's Ball with Joey Pastrana and El Exigente with Harlow," recalls Miranda from his home in Puerto Rico. "I was very young then. I had the entire world ahead of me, and the desire to do great things with my career. Naturally, it was a privilege to be introduced in such a grand fashion by Larry on the album title."

The collaboration between Jewish American piano wiz Harlow and niño bonito Miranda was mercurial and unpredictable. It was meant to end sooner rather than later, as the two men competed agressively for the spotlight. Eventually, Miranda decided to move back to his native Puerto Rico (the island that he had left when he was only four) and launch a highly successful career as a solo artist.

"Larry loved my singing style," says Miranda unassumingly. "He had faith in me. He was quite jealous about his music, but he encouraged me to write songs and find new arrangers for them."

Similarly, there was a lot to like in Harlow's virtuoso piano style-- and his devotion to the hardcore grit of Cuban dance music.

"What I loved about Orchestra Harlow was that it had a real típico, Cuban sound," adds the singer. "At the time, most orchestras favored a different style. Harlow was similar to Johnny Pacheco and Eddie Palmieri in following a traditional direction."

Miranda had grown listening to classic Cuban bandleaders like Arsenio Rodríguez and Chappottín-- an influence that is reflected in his rugged soneos, on songs like "La Contraria," "Rumba A La Vida," and the soulful bolero "Mi Manera De Ser."

"I loved Miguelito Cuní, Roberto Faz, La Sonora Matancera and all of its singers, including Celia Cruz," he recalls. "I still own the complete recordings by Beny Moré. Ismael Rivera was also a big influence."

Interestingly, Presenta A Ismael Miranda also includes a couple of tracks in the boogaloo mode, such as a fantastic Spanish version of the Hugh Masekela tune "Grazin' In The Grass."

"Everybody did that during those days," says Miranda with a laugh. "Even the artists who were not into boogaloo, like Tito Puente and Eddie Palmieri, recorded their share of boogaloos. It was actually a very interesting time for music."

A devoted Christian, Miranda has put his acrimonious split with Orchestra Harlow behind him. In fact, both men have reunited since the '70s for the occasional concert.

"Larry wasn't the easiest person to deal with," admits Miranda. "He has a strong character and wanted things done his way. But he has a good heart. He's one of those guys who have a rough exterior but are soft on the inside."

"Larry opened a lot of doors for me," he concludes. "In a way, much of what happened in my career, including my participation in the Fania All Stars, I owe it to him. I was very grateful about those opportunities, and I still am."

Si usted es de aquellos fanáticos de la música afrocaribeña que prefieren el sonido áspero y lleno de personalidad de los discos grabados en Nueva York a fines de los '60 y comienzos de los '70, Orchestra Harlow Presenta A Ismael Miranda lo conmoverá profundamente.

Lanzado en 1971, cuando Miranda tenía 21 años, este disco documenta aquel momento tan particular durante el cual la música que hoy conocemos como salsa estaba desarrollando su identidad propia, única y adictiva.

"Esta fue mi tercera grabación, después de Let's Ball con Joey Pastrana y El Exigente con Harlow", recuerda Miranda desde su casa en Puerto Rico. "Yo era muy joven. Tenía todo el mundo por delante y el deseo de hacer muchas cosas. Naturalmente, fue un privilegio que Larry me presentara así en el título del disco".

La colaboración entre el pianista judío Harlow y Miranda, "el niño bonito de la salsa", fue volátil e impredecible. Su final era inevitable, considerando que los dos competían agresivamente por el protagonismo. Eventualmente, Miranda decidió regresar a su Puerto Rico natal (la isla que había dejado cuando tenía tan sólo cuatro años), donde lanzó una exitosa carrera como solista.

"A Larry le gustaba mi manera de cantar", dice Miranda con humildad. "El tenía mucha fe en mí. Era celoso con sus cosas, pero me animó para que escribiera canciones y encontrara nuevos arreglistas".

A su vez, Miranda apreciaba el virtuosismo de Harlow en el piano, así como su devoción a las estructuras de la música bailable cubana.

"Siempre me gustó la Orchestra Harlow porque era una banda muy típica", explica el cantante. "En esa época, la mayoría de grupos favorecían un estilo más moderno. Harlow era parecido a Johnny Pacheco y Eddie Palmieri, que tenían las orquestas más típicas".

Miranda había crecido escuchando a músicos cubanos del calibre de Arsenio Rodríguez y Chappottín-- una influencia que aparece reflejada en sus soneos durante temas como "La Contraria", "Rumba A La Vida" y el bolero "Mi Manera De Ser".

"Me fascinaban Miguelito Cuní, Roberto Faz, La Sonora Matancera y todos sus cantantes, incluyendo a Celia Cruz", recuerda. "Todavía tengo la colección completa de Beny Moré. Ismael Rivera también fue una gran influencia".

Presenta A Ismael Miranda incluye un par de temas de boogaloo, entre los que se destaca una divertida versión en español del tema de Hugh Masekela "Grazin' In The Grass".

"Todas las orquestas lo hacían en esa época", dice Miranda. "Hasta las orquestas que no son conocidas por eso, como las de Tito Puente y Eddie Palmieri, grabaron temas de boogaloo. Esos años fueron muy interesantes para nuestra música".

Un cristiano devoto, Miranda ha dejado atrás su difícil separación de la Orchestra Harlow. Desde entonces, Harlow y Miranda han presentado algunos conciertos juntos.

"Larry no era la persona más fácil para bregar", admite Miranda. "Tenía un carácter fuerte y quería que las cosas se hicieran a su manera. Pero siempre tuvo un corazón bueno. Es una de esas personas que tienen un exterior duro, pero son blandos por dentro".

"Larry me abrió muchas puertas", concluye. "Muchas de las cosas que pasaron en mi carrera, incluyendo mi participación en la Fania All Stars, se las debo a él. Todas esas cosas, uno siempre se las agradece".